La malicia de la prensa

Cuentan de qué murió como si nada, como si hubiera sido funcionaria, periodista, bailarina, costurera, contadora. Como si quisieran con ese golpe realidad quitarle todo efecto romántico, cualquier onda posible.
Yo vi sus libros en el cuarto adolescente de una amiga. Ella los leía a escondidas -ejemplares robados a su tía soltera que hacía de abuela, su mamá no tenía mamá- porque había partes un poco subidas de tono. Mi amiga tenía un poster muy bahiense, en blanco y negro, de U2 (a mí esa banda no me cerraba) en la pared y unos carteles con linda letra con frases de amor, trágicas y optimistas.
Todo, todo, todo, para que La nación diga, ya en el primer párrafo, sus padecimientos de ancianita de 82 años. Yo le hubiera inventado una muerte mejor, o al menos recurrir a las pacíficas piadosas fábulas urbanas de la tierna ancianidad, esas que dicen: "murió tranquila pobrecita, sin dolor, se durmió un día y después ya no se despertó más".

3 comentarios:

Maguila dijo...

Es que a la pobre le tocó morirse en una época muy rara, por lo menos en la Argentina, no se que habrán dicho los diarios en otras partes del mundo, pero acá parece que reconocerla como precursora de un género atenta contra ciertas modas intelectuales, más simuladas que otra cosa, pero modas al fin.
Saludos

Sonia dijo...

Sí, qué epoca rara. Leyendo los títulos de algunas de su novelas uno piensa en los de Dani Umpi, no?
Son muy buenos!

Maguila dijo...

Hubo una contemporánea que quedó eclipsada, al menos en perspectiva por Corin Tellado: Poldy Bird, dicen que "hizo llorar a toda una generación", me acordé por lo que decís de los títulos, Bird escribió "Cuentos para leer sin rimmel". Aclaro que todo eso ocurrió mucho antes de que yo naciera.
Saludos