" Creer que lo real es escribir en clave de documental, puede ser un error político"


Entrevista a Cristian Alarcón. (Una versión de esta entrevista, que hicimos hace un par de meses fue publicada en el Suplemento De Cultura de Perfil el domingo pasado)


"Acaba de aparecer la décima reedición del libro de no ficción "Cuando me muera quiero que me toquen cumbia. Historias de pibes chorros", de Cristian Alarcón; un hito poco frecuente para el género. Su autor prepara su próximo libro, "Transas" y en esta entrevista, habla de la relación entre crónica y literatura, del riesgo de victimizar a los personajes y de la escritura como una forma de resistencia del lenguaje."

-En Tras las huellas de una escritura en tránsito, Graciela Falbo ve en la crónica un intento por rescatar la palabra devaluada por los relatos que uniforman y refuerzan la expulsión. ¿De qué manera la crónica se convierte en un acto de resistencia del lenguaje?
--En la crónica modernista Martí proponía un acercamiento a lo real a partir de pequeños personajes tangenciales. En nuestra posmodernidad latinomericana eso se re edita desde otro lado. Un ejemplo de crónica reciente que logra lo que el poeta cubano es la de José Alejandro Castaño. En Zoológico Colombia –editado por Norma en Bogotá—cuenta la historia de los hipopótamos que sobrevivieron en la finca Nápoles, de Pablo Escobar. Como el macho alfa de la manada –"Pablito"—no les permite aparearse con las hembras, dos hipopótamos jóvenes remontan el río Magdalena en busca de hipopótamas. Eso le permite narrar algo supuestamente remanido –la guerra colombiana- con un nuevo lenguaje, que en su caso es de una simpleza sublime. A todos los cronistas nos ocurre de manera singular: en mi caso, la resisitencia está en la mediación que significa contar el habla popular. Cómo se dice "hijo de puta, te rompo la cabeza!"? Cómo se expresa el decir de esos grupos en los que el código es la base de todo? Prefiero ser efectivo, que el lector me siga, a ser un antropólogo que repite con puntos y comas un lenguaje que no por zanguango es mejor.
"Las relaciones humanas no cambian ni con los paramilitares", dijiste alguna vez. Solés hacér referencia a las relaciones afectivas que se establecen con los entrevistados. ¿Como lográs no victimizar innecesariamente?
Aprecio la capacidad etnográfica de los cronistas que logran salir indemnes de una inmersión profunda y sostenida. No es mi caso. Cuando el protagonista de una crónica sale de su corset de orgullo y prejuicio entrega más que su historia. En su trabajo, aunque luego pueda dar vuelta la página y volver, como es sano, a su mundo privado, el cronista también lo hace. Al retratar al otro en acción, su condición de víctima debe dejar de importarle al lector. En el último tiempo intento que eso pase también con el victimario. La crónica debería borrar esa diferencia engañosa: cada vez más eso es indistinguible, aún en la más pedestre y burocrática de las vidas.
¿Quién no ha tenido un jefe psicópata? Si se logra pasar por sobre el estereotipo entonces se imponen la complejidad en la que lo que impera es algo mucho más ambiguo que la condición de víctima, a veces vaciada de sentido por la corrección política.
-Cuando se trabaja con "grupos marginales" se suele hablar del riesgo de "embellecer la tragedia", al estilo Ciudad de Dios. ¿Es algo que te planteás evitar?
Cuando tuve que decidir qué director podía hacer la película de Cuando me muera quiero que me toquen cumbia solo tenía una pregunta para los tres directores que aparecieron con ganas: ¿De qué color cree que es el cielo en al escena en la que muere el Frente Vital? Quien finalmente se hizo de los derechos de adaptación fue Pucho Mentasti. Entre otros motivos porque me dijo que sería violeta. Me refiero a que el realismo es mi elección, pero no quiero que sea una trampa. Creer que la pobreza es gris o monocromática es daltonismo cultural. La intensidad en los territorios trastoca la visión estética de lo próximo. Es una manera de resistir al tedio, al calor insoportable, a la falta de agua, a los golpes de la cana, a los gritos y los insultos permanentes. El ensordecedor ruido de la cumbia, que sale de mega parlantes que parecen salidos de Barranquilla y no de Fuerte Apache, es parte de esa visión. Estetizar es también pintar la villa o el barrio como un páramo. Creer que lo real es escribir, o filmar, en clave de documental, puede ser un error político. Prefiero la recreación, la apuesta a una versión nueva de algo que se supone todos vemos por televisión en programas que venden el dramón de la pobreza como si fuera solo un montón de puteríos.
-Villoro dice que usar en exceso cualquiera de los recursos variados de la crónica es letal. ¿estás de acuerdo?¿qué recursos te generan más prudencia, más atención o temor a la hora de utilizarlos?
-Le he tomado respeto a la metáfora. Me he limitado en los adjetivos. Me voy circuncidando el atrevimiento estilístico. Pasé por un periodo neobarroso del que salí como se sale de un retiro zen. Con menos peso; más leve y concentrado. Es maravilloso que Villoro, que maneja el relato como un prestidigitador, advierta sobre esto. Sus cuentos son muy cronicados, y la técnica en él le permite tener ese balanceo que hace que no puedas parar de leerlos: su máxima es que la verosimilitud mata todo lo demás. Y eso deber venirle de su raíz periodística. Está lleno de escritores que basan sus ficciones en investigaciones o experiencias vividas. Naipaul cuando recibió el nobel dijo: la ficción ha muerto. Villoro demuestra que no.
-Muchos escritores diferencian, a grandes rasgos, entre aquellas obras que trabajan "con el lenguaje" y las que trabajan sobre "la experiencia". ¿Estás de acuerdo con esa dicotomía?¿cómo enmarcarías tu trabajo de escritura desde esta perspectiva?
-En mi caso al lenguaje lo expresa la experiencia. Tuve que elegir crónicas para llevar al Hay Festival de Literatura. La mayoría de las que escribo suelen ser de violencia. Así que combiné una de esas con una sobre la marcha del orgullo. El tono, el lenguaje, las metáforas, todo cambia, entre una y otra. El fraseo, el uso de los signos de puntuación, bailan en el carnaval gay junto con la marcha. En el barrio, el paso, es cadencia de zapatillas con suela llena de aire esquivando charcos de meo y mierda.
-¿Qué tendencias notás en el género?
-Hay una tendencia fuerte al freakismo. Otra fuerte al gonzo. Y por ahí unas experiencias más arltianas, o sea, de aguafuerte, de relato urbano. El Cuando me muera....ha hecho que varios jóvenes que están en esa se acerquen a mi taller de crónicas. Me sorprende que sean tantos, y que lo hagan tan bien. Son lectores voraces, perspicaces, y valientes. Entre los neo-gonzos hay una que me encanta: Gabriela Wiener, limeña que vive en España El resto de las innovaciones están en las búsquedas que cada autor hace: la que más se compromete en esa búsqueda acá es Leila Guerriero. Es de una determinación rayana en lo insano: somos muy amigos y me cuesta verla; casi siempre está investigando o escribiendo. Pero cuando uno lee un texto de ella se nota eso. Hay una búsqueda, vieja, pero por eso mismo válida, por la perfección.
***-¿Cómo ves al periodismo argentino actual?
En una encrucijada y con poco vuelo. Todo lo que se innovó con Página/12 ha pasado ha ser no solo tradicional sino que se lavó a tal punto que ya no sorprende. Aunque es muy criticado sobre todo por los periodistas más "intelectuales" a mi me cabe la apuesta cocoliche de Crítica de la Argentina: allí tengo el espacio para proponer sin límites, y en ese caldo pueden convivir Syms, Josefina Licitra, Cicco, Juan Pablo Meneses, Caparrós, Sergio Olguín y algunos de los más nuevos. Lo más nocivo es que el ajuste de recursos lleva años, y ahora con la excusa de la crisis continuará. Aún así, los más jóvenes tienen un aguante impresionante. Está lleno de pibes que entienden el oficio como una apuesta más allá de la salida laboral. Es meritorio, porque prácticamente no hay tal salida laboral. Mis alumnos trabajan de muchas cosas: pocas veces de periodistas. Sin embargo, quieren ser cronistas. La crónica se ha corrido de su pretensión de espacio y de editores generosos. El que la quiere hacer, la hace, por las suyas. El que busca, encuentra.
En general se dice que lo lectores leen menos y desde ese lugar se justifican las coberturas breves que tienden a simplificar y que terminan generando estereotipos y prejuicios discriminatorios ¿Qué pensas del, por llamarlo de algun modo, "mercado lector"?
Leí que Junot Díaz se queja por la falta de lectores, pero es el autor latino más vendido entre los yanquis. Estoy tramando una colección de crónicas urbanas desde la Facultad de Periodismo de la La Plata. El tema con las editoriales es si va a vender o no. Me dicen, no, la crónica no vende. Les digo: el Cuando me muera vendió diez ediciones. La buena literatura tampoco vende: es decir los mejores libros de cuentos, las novelas de los nuevos buenos tampoco, hasta que de pronto, algo pasa y hay alguno que se salva. En un mundo donde todo se hunde no podemos pretender que el mercado lector sea masivo. Pero sí podemos pretender contarlo. Se está hundiendo? Es un notón! Nos leerán los amigos? Quizás podamos tener un millón! Escribir sobre muertos me ha vuelto optimista. Peleo por el espacio desde que soy periodista; hasta el editor más jodido te cede unas líneas si se la vendés bien.
- Hace un tiempo definiste la crónica como trabajo territorial, ¿Qué implica esa noción?
La potencia de la crónica está en su poder mirar y contar lo nuevo: en ese sentido sostengo que es una versión insospechada de lo real. Aunque se critique desde cierto sentido común su vocación por los temas freaks, raros o marginales, lo cierto es que todos esos incentivos para contar no son más que una excusa para pintar tramas territoriales que subyacen a la supuesta "anormalidad" que narramos. El territorio no es solo un cuadrado de una hectárea en una ciudad latinoamericana embrutecida y violenta, o una esquina de ese enorme mapa. El territorio se expresa en diálogos duros entre tipos que no hablan con corrección, en las formas de matar de una sociedad, en los sueños irrealizables que preservan la salud mental de los que sobreviven con nada, en las formas del amor y el sexo entre algunas tribus urbanas, o en las desventuras de un grupo de perdedores. Sin territorio no hay crónica posible, a menos que se la banalice como una manera de obturar en la novedad por sí misma. Pero eso ya no es una crónica, sino un ejercicio de marketing. Se puede hacer mandando un mail y preguntándole a los amigos que opina de H o B.
-¿Creés, como afirma Caparrós, que a nivel estilístico no hay diferencia entre la literatura y la crónica?
-No estoy seguro de que Martín Caparrós piense exactamente así. Su aprecio por la literatura es mayor que el que tiene por la crónica. De eso no hay dudas. La paradoja es que sus libros de crónica despiertan más lectores que las novelas. Pero no creo que tenga que ver con los textos de Martín sino con la época que pide relatos urgentes, atados al aquí y ahora. El lo hace con tal maestría que es indudable que formarán parte de un legado literario universal. En ese sentido Caparrós nos ha marcado a muchos de lso que estamos en el oficio. En él se dan varios atributos juntos: la erudición y el estilo, la mirada filosa y el garbo, el viajero y el burlador, el crítico y el apasionado. Todavía no me siento en condiciones de defender mis crónicas como literatura. Eso puede que quede bien decirlo, pero hay que ser honesto: yo no lo siento. Tomás Eloy dice que la crónica es el genero periodístico más literario por su afán de trascendencia. Pero eso no quiere decir que sea un genero literario. Eso aún está en discusión. Lo cierto es que yo desde la investigación más dura decido ficcionalizar: mis personajes son imposibles de identificar, por lo tanto debo disfrazarlos, cambiar nombres y algo del contexto para hacerlos indetectables aún siendo reales. Eso no sé que es. Será literatura?

5 comentarios:

Mario Arteca dijo...

Sonia, excelente nota. Cristian, tan lúcido como siempre. Nos conocemos desde una punta de años, cuando estudiaba y laburaba en La Plata. Te podría pedir un favor? No me mandás por mail el teléfono de él, que quisiera contactarme? Te mando un beso grande y espero que no te hayas dormido con mi librito en las vacaciones. Bueno, en definitiva, no est´tan mal conciliar el sueño, más allá de los domingos. Nuevos besos.

AEZ dijo...

Gran entrevista: grandes preguntas, grandes respuestas. Sospecho que se hizo por correo electrónico, ¿estoy equivocado?

Sonia dijo...

Mario y AEZ: Todo es mérito del lúcido entrevistado. Es fácil hacer notas así.
Gracias a los dos por los comentarios!
Y Mario: me encantó tu libro, te saca de todo, te mete en otro lado, uno recorre coordenadas únicas, extrañísimas. Una experiencia de lectura de la que no se sale fácil. Hay que tener talento para escribir eso.
Ahora te mando un mail. Saluds!

Milagros dijo...

Hola Sonia, excelente entrevista!
Me encantó el libro y estoy tratando de ubicar al autor ya que sería perfecto entrevistarlo para la investigación que estoy haciendo sobre el consumo de drogas en las villas.
Lamentablemente no puedo ubicar su mail, conocés alguna forma de contactarlo?

Desde ya muchas gracias!
Saludos!
y felicitaciones por el blog!

Danilo Gatti dijo...

Hunter Thompson (creador del estilo "Gonzo") creia que la mirada subjetiva era mas importante que la fidelidad de los hechos para acercarse a la verdad.
Muy buen blog
saludos