bizarre

Un playmóvil habla del libro de un muppet ¡qué degeneración!

Los domingos son para dormir de soña+Hegel =
una reseña simpatiquísima de un juguete hipotético y articulado.

para un domingo de lectura y trabajo, trabajo y lectura

"Los veleros en la Bahía se inclinan por completo; las olas están afiladas, inquietas. Desde Alcatraz, el faro manda señales en pleno día. Todos mis amigos no están ahí. Cuesta acometer este trabajo, esta enorme carga de los sueños. Sólo los libros dan algún consuelo".

Conquista de lo inútil.
Werner Herzog.
(Diario de filmación de Fitzcarraldo)
Traducción: Ariel Magnus. Entropía; 2009.
para matizar aquel espíritu rumbero que se me atribuye en screamings and whispers.

Los domingos son para dormir alcanza las páginas de la revista de cultura masiva""

reseña publicada en la revista Ñ
Por Guido Carelli Lynch, vía Entropía

“Compulsión a la repetición” es el título de uno de los nueve relatos de Los domingos son para dormir, el primer libro de cuentos de Sonia Budassi y, también sin querer (queriendo) una declaración estética de la autora sobre su propia antología.

No se trata de reiteraciones sintácticas y mucho menos de una falencia de una escritora que ha dado sobradas cuentas de su manejo del idioma. Es, más bien, la reconfirmación de una voz, de un tono unificador en cada cuento, que terminan por sellar una unidad narrativa bien palpable."

(...)

Maguila apuesta por la dama y super recomienda Los domingos son para dormir!!!

Los domingos son... vence, por un segundo, a Villoro:

"Compré “Los domingos son para dormir“, básicamente, por dos razones: por un lado confío mucho en el criterio editorial de Entropía, (...); por otro lado había leído dos cuentos de Sonia Budassi (”Capacidad de adaptación” y “Nada para hacer” en esas antologías temáticas de jóvenes narradores que publicaron en los últimos años) y me gustaron mucho. Así es que estaba buscando un libro de relatos, dudé entre Los Culpables de Villoro y éste y terminé apostando por la dama. No me arrepentí, en absoluto."

(Apueste por la dama usted también!!!!)



(...)

"Me gusta la manera de escribir de Sonia Budassi"

(read it soon!!)

(...)

"Tanto en lo formal como en lo estético se nota mucho laburo en cada cuento, me imagino a Budassi revisando sus relatos con minuciosidad de artesano (artesana en este caso), cortando frases, sacando palabras, moviendo párrafos, corriendo comas, buscando sinónimos, puliendo cada cuento hasta que brille, algo que solo hacen quienes sienten mucho amor y pasión por la literatura. Los resultados están a la vista.
La economía de recursos, la eficiencia de sintaxis, la confianza en el lector, el talento creativo y el dominio incuestionable del lenguaje que posee la autora, sumados a mi siempre subjetiva valoración estética (o sea, aparte de todo lo expuesto, los cuentos me parecieron hermosos), me llevan a recomendar la lectura de “
Los Domingos son para dormir”, no se van a arrepentir."

(¡¡¡busquelo ya en las librerías más pipí cucú!!!)

leala completa la reseña completa, que para algo el muchacho se tomó el trabajo de escribirla!

Los fanáticos de Palermo y de Parque Rivadavia noooo tienen razón

(Sobre Hacer el odio de Gabriel Bañez. Publicado en la columnita "La biblioteca ideal" del Suple de Cultura de Perfil. No es una reseña así re estricta lo que va en esa sección)
Las ciudades pueden ser, con perdón de la obviedad, territorios geográficos o mapas simbólicos. Es posible imaginar, desde luego, el sonido y los olores de cada centro, de cada barrio, de cada pueblo o metrópolis y también las convenciones y saberes que los trascienden.¿Qué pasa con los libros y su disposición, en qué lugar colocan los lectores, los escritores y la crítica a sus librerías? Un periodista peruano pregunta a un escritor y a un crítico dónde puede comprar libros. El crítico responde "en la zona de Palermo". Declaración que enciende el debate con el otro, que considera casi un acto de irreverencia aquella recomendación.
El nada for export Parque Rivadavia, epicentro caótico y riquísimo de compra y venta está, por ejemplo, sobrevalorado. O no: Parque Centenario está subestimado. Sin expectativas, bajo la influencia de los fanáticos de Parque Rivadavia, recorro los puestos del Centenario esperando ver libros de texto, recetarios de cocina, a lo sumo algún manual del tipo "hágalo usted mismo". Pero descubro, prejuicios inútiles, varios libros de narrativa en esas oscuras y prolijas cajas de exhibición. Impecable a pesar de sus más de 20 años, compro Hacer el odio, novela del platense Gabriel Bañez (que acaba de ganar el premio de Novela Letra Sur con La cisura de Rolando) que se publicó en 1984. Entre la sordidez, la inteligencia y el morbo, el personaje atenta contra casi todo sentido común en sus relaciones y se aleja de cualquier atisbo bien pensante o políticamente correcto (en tópicos vueltos lugares comunes como el de los desaparecidos o el nazismo); es difícil imaginar el efecto de lectura que generó en el contexto de su publicación, uno de los tantos elementos que convierten al libro en un necesario objeto de rescate. Los desplazamientos por La Plata, al mismo tiempo, contruyen un mapa arborescente (¿diagonal?) de sentido sobre el texto, que señala los pasos sobre los que hay que desconfiar."Me reí, esos rasgos de urbanidad siempre me parecieron risibles. La violencia contenida, esa forma decorosa de sobrellevarla, de encubrirla, también es un producto urbanístico muy argentino".

ya lo dijimos, chico


¡HOOY!
Las teorías y el cocinero, salvajes, reunidos por primera vez!
SHOW ALIVE!

¡Am! ¡Pará de chamuyar!

Héctor Pavón me había mandado este cuestionario para una nota que hizo en Cultura de Clarín. Mientras deseo irme a una quinta, una casita en la playa, en el arroyito o la montaña a dedicarme a full a esos menesteres que nos apasionan pero sigo acá, me consuelo posteando despreocupadamente eso que respondimos a las corridas pero super entusiasmo como siempre.

1-¿Un escritor, un pensador, cuando va de vacaciones se desprende totalmente de su actividad intelectual, o por el contrario, disfruta y padece de una actitud creativa permanente?

Creo que hay una falsa generalización en la dicotomía entre los escritores “de biblioteca”, y los de “la experiencia” al estilo -casi incurriendo en la caricatura- Hemingway aunque, claro, hay excepciones; básicamente la idea es simplificadora.
Según mi percepción, los escritores estén donde estén, y a pesar de poder mezclarse en rituales comunes a otros, en territorios nuevos, nunca dejan de tomar notas, de captar impresiones, de leer, de preguntarse, de escuchar y ver, emocionados o cínicos. En ese sentido, no se “toman vacaciones”. Es probable que en otro aspecto eso también les pase a los contadores en Mar del Plata; quizá ellos se transformen en perceptivos sensibles por el beneficioso efecto del run run del mar. Pero creo que entre el masoquismo y el hedonismo, la diferencia entre otro tipo de vocaciones, es que en la nuestra casi cualquier material es potencialmente narrable, o interpela un lenguaje, un código, un paradigma, lo que vuelve casi imposible mantenerse indiferente ante el entorno o dejar de pensar en lo que uno viene trabajando; por más que en lo primero termine en un texto o no. A veces tengo una sensación muy discutible; la de que otras vocaciones - que no trabajan con el lenguaje, o el arte- tienen una relación más diferenciada, una división más clara entre trabajo y ocio; una distancia asumida, más aproblemática y quizá más sana.

2-Barthes dice que un escritor es un falso vacacionista, dado que aprovechan el aislamiento en el mar o en la montaña para terminar un texto, corregir pruebas, gestar un proyecto. ¿Estás de acuerdo?

Mi interpretación de la pregunta tiene algo de conciencia proletaria, pies sobre la tierra, pero también me remite un poco al mito Tom Wolfe: La utopía del trabajador asalariado de las palabras, el más o menos prestigiado ratón tipeador, que de pronto puede retirarse a escribir “La Novela” lejos de la ciudad. No puedo saber si esa utopía, en tiempos en que el trabajo de los escritores y de los que escriben sobre lo que leen está un poco devaluado, puede alcanzarse, pero parte de esa fantasía está, en ese plano inestable y fantasioso pero no condicionante. En los 90, me contaron, un escritor usaba una remera que decía: “Too many books, so little time”, o algo así. Las notebooks, con su culto capitalista al individualismo, su ilusión de no lugar potencialmente creativo como las antiguas moleskines pero con su magia wi fi de poder estar “conectados”, permitieron ejercer esa proclama con respecto a la escritura y su socialización, desde cualquier parte del mundo. En mi caso, nunca fui a ningún lado sin, como mínimo, mi cuaderno. Mis últimas vacaciones fueron dedicadas a corregir Los domingos son para dormir y las de este año serán para terminar de escribir una novela; otra vez surge esa noción ambigua de trabajo y placer, de voluntad y goce, los límites borrosos; poder, durante unos días, alternar la concentración con la natación y el bronceador (dejar de lado las obligaciones cotidianas; sólo “escribir y disfrutar”).
Ahí está el peso glorioso de la contradicción: escribir cuando todo el mundo vive, anda semidesnudo, al borde siempre del bochorno si se lo piensa desde otra perspectiva (en un punto algunos podrían concebir ese habitat promiscuo de la playa como antinatural); se escribe durante el año encerrado y solo; el cliché indica que sin inclemencias visuales ni climáticas. Pero no queda otra, y está bueno, el escritor se lleva a sí mismo y sus ansiedad de escribir incluye siempre tanto la ansiedad de vacaciones (vivir bajo las condiciones de cualquier veraneante, pero torcerlas un poco para sí) como su neurótica, imprescindible, necesidad de reclusión.
3-¿Qué lees en vacaciones, algo en especial que guardaste para ese momento o lo que simplemente tenés ganas de leer?
Me resultan simpáticas las declaraciones de Pauls con respecto a la dificultad de leer en la playa y la aversión de la arena en los libros que expone en La vida descalzo. Luchar con la pringosidad del protector solar, la luz absoluta del sol tan distinta a los rayos gama del monitor, transpirando, en la incómoda toalla o reposerita -en el mejor de los casos- no impide que lleve incluso libros gordos, sumamente incómodos y postergados durante el año por la placentera actividad diaria de leer sobre lo que tengo que escribir. Igual uno siempre carga con un libro de último momento. Estoy esperando tener unos días libres para terminar Breve historia de la literatura argentina, de Prieto, esos libros que uno por la coyuntura no pudo terminar de leer en su momento y textos más recientes: La cisura de Rolando, de Gabriel Bañez, Nudos de Patricia Ratto, y Anís, de Mariana Dimópulos, otro crítica literaria, algunos de poesía como el extrañísimo Cinco por uno de Mario Arteca y más, siempre tengo una lista abrumadora; es inevitable hacer que los libros hagan viajes de muchos kilómetros; lástima que a veces, como decía esa remera, no da el tiempo para todos, pero esa es una obsesión tan personal como compartida.

Mi "maestro" fue Pablo Escobar (No digas profesor, dí "maestro"; allá le dicen así)

"¡Fuera, monocuco, fuera!"; "Baila, monocuco, baila", todo reviente tiene códigos, discriminación, no somos iguales en el barrio, la competencia es así en bahía y en la china cambia de antifaz pero

Igual él fue Pablo Escobar y nos miramos a diversa distancia porque claro, yo era monocuco y a veces ni eso, ese calor daba demasiado disfraz. Había mucha onda, alto voltaje, pero al final Pablo bueno, estuvimos ahí, nos lastimamos las piernas , rodillas y pies pero no podemos dar fe de que lo hayamos visto caer.

Copio Vía Crítica

"No tenía disfraz. O mejor dicho, tenía uno de monocuco, un recontratípico traje de carnaval de Barranquilla, especie de arlequín multicolor con capucha de pitufo. Me lo probé: parecía el muñeco Barny. Así que busqué en mi valija qué podía inventar. Estaba llena de ropa blanca, para estar a tono con el calor del Caribe. Se venía la guacherna de carnaval, el desfile inaugural. Los monocucos abundan en esta fiesta. Este año salieron tantos que son resistidos allá donde se menean. “¡Fuera monocucos!”, suelen gritarles para espantarlos, para que no desluzcan a los que se han preocupado por ser originales. Me dije, consultá una mujer creativa, diva y popular. Mi nueva amiga Liliana Saumet, la cantante de la maravillosa banda Bomba Stéreo –¡bajen su disco de internet ya!–, me ayudó. –Con esa cara –me dijo– podrías ser Pablito Escobar tranquilamente. Le contesté con esa expresión de los costeños (del Caribe colombiano) que queda bien para todo. “¡Ajá!”, con la jota hinchada con que hablan para decir por ejemplo, tenés razón, ok, o qué es esto, o ¡mirá vos! Sin demasiado problema armé el vestuario de mi versión de Escobar: pantalón blanco chupín, mocasines de cuero de potro, camisa blanca abierta hasta la clavícula, cinto blanco, cadena gruesa y de oro falso, sombrero panamá, gafas enormes y oscuras y el alma de un bribón al que le gusta mostrar el fierro, un revólver 38 bien llevado en la cintura. Luego me afeité la barba y dejé el bigote. Cuando salí a los pasillos del hotel me di cuenta de que causaba impresión. –¡Ajáaaaa! –me saludó el botones. –¡Ajá, don Pablo! –me piropeó la de la recepción. El disfraz funcionaba. Entré a la guacherna, ya multitudinaria a las ocho de la noche, como un personaje real: era Pablo Escobar. Apenas hice unos pasos escuché el grito de un monocuco que pasaba: –¡Pablito! –dijo detrás de su antifaz. Con mi amigo Charly, emperador chino, frenamos. El monocuco nos pidió una foto. Nos costó avanzar entre las comparsas detenidas a la espera de la largada: cada tanto, otra foto. Otra más. Otra más. Escobar se robaba el corazón del pueblo. La masa no quería perderse la oportunidad de inmortalizarse junto a él. –¡Dispare con esa pistola, patrón! Un negro hermoso que miraba desde la tribuna el desfile se dio cuenta de que no sabía manejar un arma, y me enseñó a ostentar como Pablo: –¡P’ arriba, marica! ¡Ratapumpumpá!
¡Me salía bien! Con la mano en alto, tres veces para arriba, como tirando al aire:
–¡Así se hace, patrón! –gritó una señora. Con el emperador llegamos a nuestra comparsa ya sudados, ya borrachos, ya en personaje: éramos otros. Hasta que terminó la guacherna fui Pablo Escobar. Pablito para los amigos. Aquí y allá sonaba mi nombre. Bailé al ritmo de la tambora y la flauta de millo, la gaita y el ron. Bailé la canción del carnaval y su estribillo: “Mama rón-mama rón”. Bailé para el público y para mi amiga, la de la idea del disfraz, que se puso de Mujer Maravilla (pueden verla junto a Pablo). Bailé como nunca debe de haber bailado el patrón. Y más. Bailé tanto que terminó el desfile y seguí bailando en una fiesta en plena calle: una auténtica “cumbia”; miles danzando el elegante ritmo que dio origen a todos los demás que lleven su nombre. A ratos algún bailarín me miraba y se alejaba, de puro miedo nomás. A las dos de la mañana una estampida me asustó. Eran policías foráneos, venidos del resto de Colombia, que no entendían el carnaval, me explicó un amigo. De pronto, ¡tiros! ¡Ningún ratapumpampá! ¡Tiros de verdad! Alcé a la Mujer Maravilla por la cintura y volé con ella del brazo. Pero se me perdió. Tropecé. Casi caigo despanzurrado. Escuche el alarido: –¡Cristián! –dijo. Wonder Woman se había colado en la casa de una vieja que cerró la puerta tras de mí. Luego, más tarde, en la calle, con los tombos dando vueltas, un negro me susurró: –Esconda el fierro, papá. Me quité sombrero. Cadenas. Pistola. Gafas. Dejé de ser Pablo. Me fui silbando bajo. Y seguí bailando, con mis cumpas, en La Troja, la catedral de la salsa barranquillera. "

El sapo explorador se volvió al campo

Después de la guerra la voz del aguilucho rasante vuelve a picotear la víbora y de refilón te dice: 

- Los libros y los amigos, esas cosas que no hay que compartir.

Tampoco la web, diría la culebra. Pero nacimos acá y en esos días; arrastrémonos por la senda de la supervivencia entre cardos violetas y lianas que son chips binarios, cuevas de vizcachas top.

"ilumina"

Alejandro Canepa viaja en colectivo con una mochila cargada de libros que no para de leer y resulta que escribió para El Libro de Arena estos simpáticos comentarios sobre Mujeres de Dios. (¡Super gracias!)

"Hace poco terminé de leer Mujeres de Dios. Cómo viven hoy las monjas y religiosas en la Argentina, de la escritora y periodista argentina Sonia Budassi. Me interesó este libro a partir de las notas que leí en distintos medios cuando el libro salió a la venta. Ya desde el título del libro quería conocer las historias que prometía la autora.
La investigación de Budassi logró atraparme desde la primera página. Lo leí de corrido, algo poco habitual de lograr en tiempos de exceso de trabajo y otras obligaciones. Por cada página que avanzaba, más me entusiasmaba la forma y el contenido de las historias que contaba. Hacía bastante que un libro de investigación periodística no lograba atraparme tanto.
El libro logró colocarme en una especie de “nube”, desde la cual uno podía mirar los diálogos de la autora con una superiora de un convento o con una monja de clausura. Por momentos, las descripciones de ciertos ámbitos de colegios religiosos y capillas eran impecables por los detalles y por el clima al que hacían elevar al lector.
En particular, en un capítulo en el que se cuenta la experiencia del encuentro con una monja de clausura, que vive casi sin contacto con el mundo exterior, en plena Ciudad de Buenos Aires, me sentí directamente recluido en ese mismo espacio que compartieron la religiosa y la autora. Voces sin rostro, rejas, paredes vacías; la narración me atrapaba, física y mentalmente, en esa habitación.
La lectura de Mujeres me remitió a El nombre de la Rosa, no porque tengan entre sí alguna similitud de contenido, sino porque el clima, los aromas, los sonidos y las imágenes construidos por Budassi me hacían revivir esa atmósfera sórdida y lúgubre, que tan bien exponen Eco en su novela y Jean Jacques Annaud en la versión fílmica.
En definitiva, el libro corre el velo sobre un grupo de mujeres de las que poco se habla en Argentina. Sobre mujeres que eligen un sendero cada vez menos transitado en el país. En tiempos en donde el cuerpo femenino es más expuesto, ellas eligen, al menos en teoría, sustraerse al mundo del sexo y cubrirse más que el promedio de las mujeres. Esa mirada de voyeur que permite el libro hizo que quedara con ganas de muchas más historias de ese mundo peculiar.
Mujeres es altamente recomendable. Es un libro que ilumina rincones oscurecidos por hábitos, votos, modas y el ruido urbano."

Fue lindo mientras duró I

Zulu es fotógrafo y estuvo en la guacherna y como es solidario nos invitó el último día a amanecer en su casa de la playa. Lo reportié, como se dice ahí, y llegué a la conclusión de que tiene una buena vida. Vende pescado y tiene un restaurant en el patio de su casa.
Como tenía mucho calor me puse el disfraz de monocuco de capa. Caminando por la guacherna, Guido y yo, ajenos a la juerga perniciosa de nuestro alrededor, no hicimos más que discutir acerca del futuro de las reseñas y de la crítica publicada en medios masivos; a qué lector hay que apuntar cuando se escribe en un suplemento cultural y de las políticas literarias que se esconden detrás de los festivales, qué tensiones subyacen en las últimas producciones leídas por ambos y también sobre la complejidad perseguida en nuestras próximas obras.

Luego fuimos en busca del maestro para que nos ayude a resolver nuestras inquietudes de oh jóvenes escribientes latinoamericanos que vacilan. Como no lo encontramos no nos quedó otra que camuflarnos con esa bárbara multitud y tuvimos que posar junto a un gorila, otros hermanos monocucos y una chica de flores y antifaz divina; no nos quedó otra que dejarnos llevar, pero vamos a escribir una tesis al respecto aunque tengamos que sucumbir a al temido concepto de "cultura popular"; el proyecto será supervisado en oscuras bibliotecas por las mentes más serias pipi cucus de la generación que nos antecede.

"Fragmentos de un discurso amoroso"


Salió la revista Llegás de febrero (noticia tardía, ésta). Reescribiríamos esta nota comentario, pero ya salió así. Son los últimos días para ver la muestra, que está mejor, mucho mejor que lo que pudimos escribir.

(...) La serie de Laura Códega, que coloca semillas en un teclado y una impresora en desuso y captura los momentos de la germinación. La intervención alcanza su momento más espeluznante al llegar a la última foto, que ofrece una perturbadora comprobación, la cuerda rota de la que hubiera tirado el alma surrealista sensible superada por el registro cuasiengañoso de lo real: los brotes verdes que crecen entre las teclas.
En otro grupo podemos colocar las imágenes que manifiestan la pulsión conquistadora de un espacio trastocado, la dimensión monumental y tibiamente inexpresiva de una ciudad manipulada en las postales retrofuturistas de Carolina Magnin. Sus visiones pixeladas obligan a cuestionar la condición anterior de la ciudad, o mejor: la condición de posibilidad de todas las ciudades. También en esta corriente podemos incluir a Julieta Ortiz de Latierro, que fotografía edificios en los que proyecta dibujos durante la noche.
La convocatoria de la galería previó la elección de un primer premio y de una mención. Germán Ruiz, ganador de la mención con sus fotografías tituladas “retrato”, “hogar”, “naturaleza” (una toma de un perro mirando un empapelado), se inclina por una propuesta muy interesante usando la sutileza del humor (...)

Inaprensible luna de miel
El Primer Premio fue para marido/luna de miel/arrastra mi corazón hacia la luz de Lorena Fernández quien, entre otros caminos de lectura posibles, se inscribe en la línea de quienes trabajan sobre la intimidad, pero de manera bien diferenciada del resto de los trabajos que bordean el tópico, como la también atrapante serie Una familia muy normal, de Alina Schwarcz.
El trabajo de Fernández está montado sobre un empapelado hogareño que la propia artista hizo colocar, y sobre el que colgó cada foto sostenida en marcos dorados; las líneas de una calidez doméstica entendida desde otra época.
La obra tiene el mérito de llegar hasta el final con su propuesta, como si en cada una de las piezas y en su orden estuviera cifrada la suma de una profundidad, los vértices con los que los estatutos de lo que llamamos arte construyen su verdad última, luego de socavar los contornos de cada frontera expuesta, en forma de pregunta. En su radicalidad –que no implica exceso- la obra parece manifestar que nada de eso podría decirse de otro modo para animarnos a destilar un pensamiento nuevo, movido por las capas sensibles de lo próximo, reorganizado, distinto, vuelto a ver. Porque la “luna de miel” de Fernández no incluye daiquiris en la playa pero sí instantes de un “marido” que adquiere la pose y el halo de santo pero, al mismo tiempo, en su imagen multiplicada en varias fotografías resignifica un juego tenso entre lo reconocible y lo totalmente otro. ¿Quién, fuera del vínculo amoroso podría identificar al hombre en una toma en la que aparece de espaldas, una porción apenas de piel; leer esa parte extraña de un cuerpo inclinado hacia un lago como a un sujeto único? Y esa foto del elefante, de una dimensión que invita verla mil veces ¿es un objeto que las abuelas colocaban en sus repisas de recién casadas o una escultura a tamaño real? Las mujeres (sólo tres en toda la serie; que integran otro trabajo de la artista) ¿están felices al ser colegialas, adolescentes, la remera de “I love boys” con la cara de la Pitufina, en ese imaginario encendido, juvenil, hiperbólico? La tercera es apenas una silueta femenina, indefinida. (...)

Problema grave: denuncian exceso de monocucos

"Este año hubo exceso de monocucos. Muchas empresas contribuyeron a esto y por eso tuvieron un puesto privilegiado para hacer desorden. Claro, aceptemos que el monocuco es goce y desorden, pero si no le ponemos coto a esta situación se nos vuelve anarquía”, apuntó Sojo, quien anunció que a raíz de lo que le ocurrió a su comparsa este año tomó la decisión de no volver a participar en La Guacherna, como ya también lo hicieron la escuela de danzas de Marlio Cortés y Timbalaye, por mencionar algunas".

sobreadvertencias

En un shopping (mol) colombiano que se llama BUENA VISTA espero que se presente El gallo giro, 10 parejas del grupo contratadas para un evento, ya arreglé con el director verlo de nuevo acá. Después de eso, voy a las 20 a ver Carlos Andrés, hijo joven de un director de otro grupo de cumbiamba en el barrio el Reboldo, al que todos los taxistas recomiendan no ir porque es "peligroso". Hace un rato, en la recepción del hotel

yo-Buenas, me decís por favor dónde me puedo tomar un colectivo que me llave a Buena Vista?
Recepcionista-Pues puede coger un taxi aquí en la puerte.
yo-sí, pero en realidad quiero ir en colectivo, en omnibus
recepcionista-¿En bus?
yo-Claro, en bus.
recepcionista-Mmmm...bueno...(hace un dibujito tipo mapita explicativo, perfecto)
yo-Gracias, todo clarísimo
recepcionista-Acá le dejo la tarjeta del hotel con el teléfono, aunque bueno, también figura en el papel...Procure no hablar con nadie, ¿sabe? En el bus hay todo tipo de gente, es un sitio, me comprende, no muy exclusivo, así muy popular.
Y acá stoy posteando, por 15 minutos que es lo que pagué.
de todos modos nunca me sentí caminando pintada con resaltador tanto como acá.

nos disfrazamos


poco internet, mucha sangre, busco la historia mientras cabalgamos el carnaval, las clases, las frases del tipo "te tiran la sátira" en días de 145 horas, sábanas blancas, hotel bien pero faltan cables, esas cosas para contar online y fotografiar. (gracias amigo por la imagen)

Moria Productions

Mientras una menea caribeana ensayando para el carnaval siguiendo sus instintos más básicos y primitivs con esa vieja excusa de "es para trabajar", la otra produce, crea, investiga, arma archivo exhaustivo que incluye la previa a mi viaje que además incluye una disputa y un fiestín de despedida con los personajes entrópicos del año y la recepción heterodoxa de colombianos generosos, reyes de la propaganda; todo su post tan digno de mil claps y mi más palpitante en la venas admiración.

Caribeana Redención

El acoso de vendedores es constante y el constante (aunque en general amable) rechazo que les dipenso me hace sentir no una persona, maldita culpa, que no dispone de presupuesto para comprar, sino directamente una mala onda.
Hasta que ahora a la noche veo que, en las mesas de al lado, una pareja de chicos se compran el uno al otro un collar, justo los vendía ese vendedor al que le dije no gracias sin mirarlo y me lo hizo notar.
En la otra mesa, un matrimonio y una nena escuchan con atención y contentos a un cantante con su guitarra. El marido empieza a grabarlo con su camarita, travellingo circular con referencia del hombro y parte de la cara del músico, se ven su mujer y su hija que mueven sus cabecitas sonrientes (la pareja viste una remera que dice cartagena con enorme sombrero plateado estampado en la parte de adelante).
Al rato cae otro músico, más joven en esa misma mesa. Se queda tanto tiempo haciendo su show que termina sentándose en la silla libre mientras, para mi sorpresa canta una canción de Axel (no Axl). Y el marido sigue contento y con ganas de grabar y su familia, desde acá ya las veo, espero también.
(esas cosas que uno nunca haría)

aeropuertos, nene


antes de salir casi me desmayo del estrés y del cansancio. en lima llegué a mandar esa cosa para el trabajo, pero ya estaba embebida del soporífero y sano glamour de perfumes y lentes nuevos, infinit palermitanos en juro imperdible promoción y si no estaba lúcida para leer eso es un peligro al momento de comprar podría también decir con esta pinta de desgreñada pero con lentes nuevos.
empiezo el año y puedo decir cosas medio impresentables porque me considero inimputable porque porque porque, tengo motivos pero. Igual este es un blog de libros y muppets y ponnys, cosas buena onda y personas especiales; don´t forgget, chico.
De Lima a Bogotá viajé con un grupo de colombianos, les corté, agreta, cualquier intento de charla poruqe quería dormir.
Después sin que se los pida me prestaron lapiceras para completar unos papeles en el aeropuerto, al rato en el colectivito que te lleva de una avión a otro dos se pararon cuando me vieron subir para darme el asiento. Me parecieron muy amables.
¿serán machistas?
Cuando llegue a Barranquilla tengo que averiguar en qué me voy a Cartagena; AEZ me sugirió tren, todavía no se dónde voy a parar, recién recibo un mail de uno de los compañeros del taller recomendandome lo más barato que había podido averiguar hasta ahora; ¡genial!
Cuando deambulaba medio dormida y con pinta de desorientada total una chica que viajaba con su hija (mochila de mano de Barbie) me empieza a hablar en inglés para decirme adonde tengo que ir. Le contesto en castellano y me dice que tengo pinta de gringa; es colombiana y también muy amable, me cuenta que se casó con un uruguayo así que dice que entiende Argentina.
Tengo dos libros en la mochila; todavía no los pude abrir. Son las 8. 49 en Buenos Aires. Acá son las seis menos diez y tengo frío. Pero cené dos veces. Una en cada avión.

Un cariñito veraniego para Mujeres de Dios

Por María Sonia Cristoff para ADN Cultura. (un interesante de veras artículo sobre la crónica)

"Como efecto de ese resurgimiento, en el panorama de la crónica en la Argentina hoy encontramos fenómenos diversos: desde productos oportunistas a los que cuesta llamar textos hasta la bienvenida comprobación de que las nuevas generaciones retoman el género con títulos entre los que se destacan La ruta del beso de Julián Gorodischer, Mujeres de Dios de Sonia Budassi, Fantasmas de Malvinas de Federico Lorenz, La vida de una vaca de Juan Pablo Meneses y La piel de la Boca de Jordi Carrión; pasando por los malentendidos que señala María Moreno: (...)

Puesta

en escena, vía 1000 palabras.
(también gracias a PZ por este comentario)

"relámpagos de sentido"

Vía el blog de Editorial Entropía, accedimos a esta reseña sobre Los domingos son para dormir publicada en la revista Inrockuptibles de enero (también hay una entrevista a Bruzzone, gracias a Matías Capelli), gracias en general.

Por Mauro Libertella.

Los domingos son para dormir podría ser una cifra de todo aquello a lo que el mercado editorial contemporáneo le tiene miedo: un primer libro, y encima de cuentos. Como si en esa fórmula se resumiera no sólo un lugar en las librerías, sino también una idea del espacio literario: la escritura que viene de los márgenes y hace temblar a un centro masculino, novelístico, de prosa dura. Ése es el efecto más inmediato de estos diez cuentos: relámpagos de sentido que desestabilizan, que apuestan al exceso como una forma de poner en evidencia algunos clichés de la literatura y de las formas expresivas más fosilizadas.

Podríamos jugar un juego infinito que consistiría en armar series secretas entre los cuentos, como si acercando "Todo lo de anoche" a "Tu vida sin mí", por ejemplo, pudiéramos rearmar el arco completo de un ciclo biológico en sólo diez páginas. El juego es inútil, por supuesto. Cada relato estalla en metástasis y contamina todo el libro, pero también cada cuento es autónomo y sólo se puede leer como un universo cerrado y de límites precisos. "Acto de fe", que abre el libro, no tiene nada que ver con el largo relato final, "Fuera de temporada", pero también se puede leer como su reverso alucinado, su lado B –lo universal frente a lo local, lo solitario frente a lo grupal. En "Acto de fe", tal vez, se resume todo: el viaje, la prosodia beatnik para tiempos modernos, la confianza en los efectos de un estribillo, la escritura que puede ser todo estilo y que sin embargo toca bien de cerca lo real.

Probablemente sea muy pronto para proyectar una filiación y sentenciar que Sonia Budassi pertenece a tal o cual tradición de la literatura argentina. Llegarán además nuevos libros, que se encargarán prolijamente de desdecir estas líneas y que quizás profundicen en esa idea de la literatura como un juego y un ejercicio de auto transformación, como un lugar para decirlo todo sin solemnidad y muy lejos de la afectación.


“Philip-Lorca diCorcia´s Head series was made by placing flash lightning on construction scaffolding above a busy New York street, out of sight of the passers-by below. The movements of pedestrians activated the flash, at wich moment di Corcia photographed the iluminated stranger with a lon-lens camera. The resulting images show people who do not know that they are being photographed and so do not compose themselves for their ‘portraits’”

enero en buenos aires III

No tomes esto como un coment, pero recién me di cuenta de que interpreté el titulo del post -incluía la palabra "puntazo"- como "herida punzante" o "puñalada" y no como "gran punto", o algo que "suma puntos", un "punto gigante", ni nada asociado a la obtención de "puntaje".
Es un enero complicado y a veces creo que el blog ya fue.

(no suelo dejar coments, casi casi nunca. el que deja coments, igual, recibe coments. hay gente que vive para comentar porque le gusta y otra para que le dejen coments, ay)

querida L.

realmente resultaron lindos los dibujos de tu amiga; la libreta ¿libro, plaquet, objeto? que me regalaste en su relajada presentación sin declaraciones públicas ni escritores egomaníacos ni de ningún tipo. (se los mostré a mi hermano, terminamos cenando en un restó pero delicioso, el me dijo algo de un artista bahiense, crítico, gestor cultural y editor, le gustaron, creo que algo de las líneas, de la tapa con flores le recordaban a otro algo que hizo él).
Cuando volví a casa después de abrir para minimizar el word, los dibujos* me sirvieron para el espontáneo restyling que me da actividad física y descanso visual en un sólo sano proceso cuando levanto los ojos del libro o de la compu, incluso de la ventana: corté algunas de las hojas y ahora están desparramadas pero sujetas, con chinches de colores, a lo largo de la casa fuera de su objeto, su libro, su plaquet, no voy a ponerme a teorizar sobre "el arte" ahora ni a improvisar metáforas más generales; tampoco comparar y escribir un "como", pero quedan lindas. Estoy a punto de copiarte algunas cosas que escribí en el cuaderno sobre ese libro que me prestaste pero una vez más, me privaré, voy a ver si maximizo el word y (...).

Gracias por el regalo y perdón que me fui tan cenicienta de la presentación. La visita de más temprano a la disquería y librería con su show de vendedores de discos haciendo chistes malos fue muy interpelante (sabés que soy una aficionada del género) y el vendedor de libros tan serio, como en un básico guión de dúos de policías mezclado con series yanquis urbanas. No se cual citarte bien, pero entendés (le pregunté un precio y me señaló con razón que primero hay que saludar, no se si te diste cuenta, los otros, en cambio, se reían como adolescentes básicos sin serlo); me pregunto si no tendrá algo que ver con la forma de asumirse a sí mismo y ciertos rituales, más bien, la tradición, de cada producto cultural. Es un poco cliché o no sé, no puede ser que la realidad sea tan obvia en algunas cosas, no? Te admito que en general puede ser mi mirada, pero vos estuviste ahí y viste... "No soy yo, es la realidad" (cuac).

¡¡Igual la próxima acordate de decir que sos amiga de la otra vendedora antes de que yo pague!! ¿Habrá sido un quedar bien a bajo costo o habrá que creerle que si hubiera sabido entonces ofertón? Yo le creo, así que por lo menos ya sabemos que la próxima ese vendedor tan culto nos va a hacer descuento como nos hubiera hecho hoy de haber tenido la información necesaria.
No todos hacemos lo correcto cuando tenemos la información necesaria pero está la ilusión que de tenerla actuaríamos genial.
(...)
besos



*de Florencia Frias.

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Los domingos son para dormir por Félix Bruzzone

VÍA Editorial Entropía

Este año a Sonia le regalé dos plantas. Una chiquita, en preciosa maceta, y otra más grande, un árbol en realidad, un Paraíso, en un horrible balde agujereado a golpes de destornillador, para que el agua drene.

Ahora leo su libro, y resulta que en la lectura también encuentro una especie de árbol. O una figura arborescente, si se quiere. Y no es paranoia ni conspirativismo ni ánimo de ver en todas partes árboles: es la realidad de cada uno de los párrafos: frases ramificadas, personajes y situaciones y detalles, miles de detalles, que viven ahí como arborícolas. No sé si alguien de los acá presentes alguna vez leyó ese libro de Graciela Montes que se llama “Y el árbol siguió creciendo…” Es una novela para niños, muy imaginativa, en la que un árbol empieza a crecer en medio de la Nueve de Julio, y que con el correr del tiempo no sólo se convierte en una atracción para periodistas y comunidad toda sino que empieza a ser vivienda de muchos. El conflicto surge cuando alguien pide la remoción del árbol y todos sus habitantes. La resolución no viene al caso, pero la imagen a mí me quedó, una de las primeras grandes imágenes que me dejó el haber leído algo. Después, árbol y lector crecieron, y los árboles, en general, todos los árboles, se volvieron para mí las formas más raras y expresivas. Este libro de Sonia, claramente, participa de esa arborescencia compleja, inclasificable, llena de flores hermosas, frutos verdes, maduros, podridos, pestes, animales de todo el orden zoológico, zonas húmedas y secas, luz directa, reflejada en el verde del follaje, refractada por las gotas de la lluvia o la humedad matinal, cantidad de olores, rugosidades, músicas.

Con la música hago un aparte.

A los cuentos de Sonia, antes que nada, los escuché. Los escuché leídos por alguien, quiero decir, en voz alta. El ritmo era raro, como ondulante o deshilachado. Música aleatoria en hilachas que en conjunto armaban como un plano ondulado. Así que para mí estos cuentos fueron, antes que nada, una sonoridad. Por eso me interesa el sonido de los cuentos de Sonia. No el ritmo, o la melodía, o la entonación, que serían las partes de ese sonido y que quedan para los expertos, sino todo el sonido, completo, dando una idea de algo, como por ejemplo la composición de una histeria. Lean la quíntuple negación de la segunda oración de “Fuera de temporada” y van a saber de qué hablo. Quíntuple negación, qué abuso, que falta de “menos es más”. Pero no, es sonido, y el sonido significa mucho, y es interesante, porque en todo el libro las referencias a la música, lo que podría entenderse por “banda sonora del libro”, son pocas, y yo creo que eso es porque los relatos suenan por sí mismos.

Volviendo al árbol, el libro también es el árbol de las genealogías, que no son siempre las de una o dos chicas que vienen del interior a estudiar en la capital, como en “Roomates”, o que están de viaje por el gran país, como en “Fuera de temporada”, dos de los cuentos del libro. Hay genealogías rotas por el destino, como en “Seis menos dos”, y por la voluntad, como en “La verdad del Lena”. Y cruces que dan cuenta de las capas o niveles posibles del gran árbol. En “Seis menos dos”, por ejemplo, a la vez que espera la noticia de la muerte de sus padres, la niña que quedará huérfana ve cómo sus hermanos ayudan, sin mucho éxito, a parir a una vaca. En “La verdad del Lena” la oportunidad de comenzar una vida nueva en la Patagonia es dada por el hundimiento de un submarino. Y una imagen, hacia el final de “Roomates”, nos sugiere que no hace falta vivir en ningún árbol para sentir la inestabilidad de cualquier superficie: “En el suelo, las cucarachas y sus patitas peludas, inquieto círculo agitado que arrastra telarañas, hilos débiles que se enredan debajo de mí.”

Con los árboles se podría seguir. A mí, por ejemplo, me sirvieron para entender esos puntos que Sonia pone en la mitad de la oración, después de un “de” o después de un “que”. Ramas rotas, pienso yo, desvíos. En todos los árboles hay de eso, y eso habla también de capas de tiempo, recuerdos marcados. Igual que en los cuentos, donde una misma frase puede contener lo actual, el recuerdo y algún recuerdo dentro de ese recuerdo, como en capas. Y cuando las frases son así es porque en algún lugar hay o hubo viento, inclemencia climática, vida real, en definitiva.

Cuando a Sonia le regalé la planta fue para su cumpleaños. Un regalo delicado, precioso, para una chica. Cuando le regalé el árbol no, era para una estratagema de ella con su vecina, que le impedía el uso de la terraza y entonces a Sonia se le ocurrió lo de meter la excusa de necesito la terraza para mi árbol, que no tenía y que entonces le dí.

Así que las cosas, ahora, con relación al libro de cuentos para mí serían así: primero viene la planta, pequeña, débil, tallo y pocas hojas que hay que cuidar muy bien porque enseguida pueden morir. Eso es la niñez evocada, la nostalgia de la niñez; y luego, el árbol, el impulso barroco de la vida en la ciudad. Ese es el tránsito. Y la vida en los árboles, que son también la intemperie, la sofocación de lo múltiple, de las dispersiones acumulativas, o más que acumulativas, superpuestas, entrelazadas, y en el centro la melancolía, o el deseo del abandono de todo, mito de eterno retorno en cada círculo de cada tronco, cada año, cada mes, cada semana, y en la idea de semana, el domingo, que es el inicio y el final, según el lente, pero en todo caso el descanso, el sueño. ¿Con qué sueñan los personajes de este libro? Aparentan, se cargan de cosas. “no sólo hay que ser buena, también hay que parecerlo” dice la narradora de “Las cosas que brillan a mi alrededor” repitiendo a su padre. Pero qué sueñan, eh, qué. No se sabe. O no sueñan. Porque los domingos, lo dice el título, son para dormir.

bicis, volados, perros, caballos

Viajo en un combi semidormida, promiscuidad en la respiración, viendo los restos gloriosos de una época que no hay, shoppings selectos al borde de la ruta, verdulerías secas hasta un campito de soja: hay que bajarse acá.
Mi amiga me regala un vestido hermoso, Laura Ingals con Saraha Kay.
En bicicletas duras y viejas entre árboles, perros, piedras enormes, cruzamos la ruta y llegamos al ciber.
No me molestan los bichos. Nunca me preocuparon demasiado. El centro de la adaptación, lo antinatural se enrieda en los rayos de la bici y los volados de vestidos de manera diferente para cada quién.
A ella le molestan los bichos y los perros; pero en ese sentido hay verdad: en la quinta hay un caniche toy.
Y yo la salvajita, al final, termino maldicioendo por no haber traido la compu y ni me olvido todavía las cuentas sin pagar. Sin embargo: leo. Placer.
Postales del verano adolescente, risas o verguenza: Sobre el pasto, una chica lee el horoscopo chino en voz alta. Soy caballo. Salvajita (y un montón de cosas más).
Una prosa insoportable habla del año anterior y dice Tsunami. - grandes cambios- el que viene, dice, será mejor.
Ahora mi amiga en la compu de al lado lee los mails que su novio le manda desde un lejano país. Cada tanto lee una frase en voz alta.
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Yo recibo un mail de otra amiga:
subject:soñé anoche

que vos y pato estaban enamorados. El te idolatraba y vos usabas pantalones de jean ajustados. acabo de despertar.
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No se quien es pato. Siempre me gustaron los relatos de los sueños y soñar y contar.

enero en buenos aires II


"¡En estío tenemos las vacaciones, el polvo y el calor, el calor, el polvo y las vacaciones! Nos es penoso permanecer en la ciudad. Todos nuestros amigos han marchado ... Así es que, para distraerme, durante este tiempo me he puesto a leer los manuscritos apilados en la sala de redacción. Pero no me he resignado a esta lectura más que en un segundo lugar; al principio he pasado el tiempo gimiendo, pensando en la necesidad que tenía de aire puro, de libertad temporal, en mi disgusto al encontrar las calles hostiles, llenas de no sé qué arena semejante a la tierra arcillosa pulverizada. ¡Y por eso la he tomado con las calles! ¿No es un alivio, cuando uno está de mal humor, encontrar alguien o algo culpable?"

"El cuentista está subvalorado"

Entrevista a Naty Menstrual publicada en Cultura de Perfil.

Naty Menstrual hace tiempo que publica sus notas periodísticas y literarias en diversos medios gráficos y en la web. Recientemente sus relatos, con la supervisión de María Moreno, fueron reunidos y publicados por la editorial Eterna Cadencia en Continuadísimo. La escritora habla, en esta entrevista, de los personajes que la inspiraron en la infancia, de la escritura como un impulso vital y afirma que hay autores que no consideran que se pueda ser escritor sin antes haber escrito una novela.

Sonia Budassi
"María Moreno, Lila Ferreira, Ariel Schettini, Daniel Mordzinski... Me estoy codeando sin querer con gente grosa, que yo no tenía ni idea de que era grosa, que me lee y lo disfruta; para ellos soy Naty; con mis vecinos también es así. No soy la travesti que escribe. El que se quiere quedar con eso problema de él", dice Naty Menstrual, autora del libro de relatos Continuadísimo, y agrega "Igual no tiene por qué gustarle a todo el mundo mi estilo literario. A mi familia, por ejemplo, no le gusta". La aparición del libro, por más que su autora quiera alejar algún prejucio en potencia, no parece haber sorprendido a nadie: la escritora hace rato que tiene presencia en el campo cultural. A sus performances en el bar La Cubana, se sumó, hace unos años, la aparición de sus textos en la revista digital El interpretador, en el Suplemento Las 12 y luego en Soy de Página 12, y en El Teje, publicación del Centro Cultural Ricardo Rojas. También tiene blog, aunque ella desestima un poco el poder de esa plataforma. "Yo no escribía para el blog, escribía los cuentos y punto. Al blog lo descubrí como archivador. No fue mi búsqueda tenerlo para que se conozca mi producción". Para ella la publicación, en el formato que sea, es sólo el efecto secundario de otro imperativo. "Siempre escribí, esa es mi sensación. De chica, como una necesidad de escribir lo que no podía decir", cuenta y reformula esas declaraciones de Ciorán en las que el filósofo admitía que le interesaba el estado de ánimo de quien escribía, la necesidad de liberarse de algo, lo que está escrito con verdadera pasión. Los personajes de Continuadísimo transitan entre la ansiedad sexual, sentimientos desbocados, angustias y estados de euforia por momentos hiperbólicos, por otros, fantásticos. De allí nace, más que de los posibles guiños autobiográficos, un efecto de lectura análogo. Imposible imaginar un lector indiferente ante esas historias que van de lo cómico a lo patético y lo trágico. Los relatos de Menstrual revisitan aquellos códigos que supo reflejar Pedro Lemebel: la "loca" que toma prestado el glamour de un divismo importado que convive con miserias cotidianas, tercermundistas; la marginación, la pobreza y, desde luego, la humillación que choca con el orgullo reivindicativo de lo distinto. Con un lenguaje quizá menos barroco que el del chileno, pero con el mismo impudor que hace de la descripción del escenario amoroso la clave para concebir una lujuria nunca gratuita y una piedad no siempre ingenua, se perciben influencias prematuras que aportan las líneas en las que su ficción cobra densidad: "Me quedaba al lado de mi abuela fascinada por las películas de Zully Moreno, las escaleras, los peinados banana, las carteras chiquitas. Era una naturaleza maricona mía". Su literatura incluye a una Sissy Lobato porteña y una Sabrina Duncan que "tenía un apellido a la hora de la guerra" en honor a "la más buena de los Ángeles de Charlie. Desabrida como si fuera una devota evangelista". "Está bien que estemos colonizados, pero de ahí a querer transformarte en Barbie Cristal y querer a un Ken como novio es otra cosa. Mis personajes son bien de acá" dice. Se resiste –todavía- a reconocer que ha leído ciertas obras. Luego de repreguntar, e indagar por sus lecturas adolescentes, asume, por fin, su admiración por los personajes "universales" de Roberto Arlt, y su lectura de Lemebel. Pero un momento antes, cuando casi todas las referencias literarias eran negadas, se le preguntó si leía, de chica, a Corín Tellado. "Sí, porque mi abuela tenía miles. Me pasaba horas leyendo. Se perfectamente desde hace mucho tiempo quién es Corin Tellado o Daniel Steel. Pero Corín Tellado me llamaba la atención porque básicamente -ahora lo entiendo- creo que disfrutaba sentirme ella. En su obra había un ‘ella’ y un ‘él’. Y más allá de la valoración literaria, disfrutaba ese libro como si fuera mi vida. Si él era rico, ella era pobre y visceversa, si los padres de ella estaban a favor de la pareja, los de él se oponían. Seguro, en un momento, el padre de ella lo odiaba a él porque había sido en su juventud amante de la madre y nadie lo sabía. Estratégicamente la trama era maravillosa aunque era una fórmula repetida. También la descripción de los vestuarios, "su traje de verano hasta la rodilla de color rosa pálido..."
-Tus cuentos, por el lunfardo, por esos abandonos traumáticos, tienen mucho de tangueros. Incluso expresiones como "a troche y moche, a rajatabla"
-Uno de los instrumentos que me parece el ideal para recitar es el bandoneón. Hay mucho de tango, sí. Mi escritura no fue un proyecto pensado y al releerlo pienso qué dolida debo haber estado para escribir esas cosas.
Naty se despide con una sentencia: "El cuentista está subvalorado. Es como el no –novelista. Esas diferencias que hace la gente tiene implícito eso de "yo soy escritor, vos no." A mí no me interesan los géneros, me interesa que tu novela o tu cuentito o tu columna me interese. Podés ser un novelista malo, y un buen cuentista y a la inversa. No es que la novela te garantice algo. Pero hay gente que dice, ‘el que no escribió una novela en su vida no es escritor’.
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A partir de aquí, partes en bruto de la desgrabación; todo muy desprolijo.
La gente necesita comparar, el otro día un periodista de la capital lo mismo. Es la vida, las cosas se repiten.
Es como que la mayoría de las comparaciones con putos, sí. Porque el sentir puto es universal. Cuando fui a Costa de sol, fuimos a una disco gay, que seguimos a dos putos para ver dónde quedaba. Entramos y yo pense: Un boliviano tiene su identidad, al argentino por más que reniegue, algo le ves, al chileno, no sé. Pero al puto no. Un puto francés, un chino, un chileno, es universal. Tiene una identidad universal, y adora a Madonna acá y en la China. Vos los ves con su remera que dice Versacce con letras plateadas, haciendo sus mismos chistes de putos acá y en la China. A mi María que para mi es un gurú, me aconsejó sutilmente si no había pensado en escribir una novela. Le dije que no. Pero después me quede pensando. Porque las novelas son premiadas, las novelas son mejor publicadas...bien. Y la funcion terapeutica, le dije, ¿novela?¿sobre qué? Para mí novela es Corín Tellado, García Marquez, principio, nudo y descenlace, interrelación de conflictos con distintos personajes. A mí no me viene eso en la cabeza, me viene un cuento. Leo libros de cuentos. Porque aparte el cuentista está subvalorado. Es como el no –novelista. Qué es muy dificil leer una novela en público...para mi una novela es un cuento alargado. Esas diferencias pelotudas que hace la gente incluye eso de "yo soy escritor, vos no." A mi no me interesan los géneros, me interesa que tu novela, o tu cuentito o tu columna me interese. Podés ser un novelista malo, y un buen cuentista y a la inversa. No es que la novela es la novela, que te garantiza algo. Pero hay gente que dice, el que no escribió una novela en su vida no es escritor.
Pero cuando eras chica, ¿no leías Corin tellado?
Sí, porque mi abuela tenía miles. Me pasaba horas, cuando estaba de viaje a mar del plata leía todo el tiempo, leí cientos. Se perfectamente desde hace mucho tiempo quién es Corin Tellado, quién es Sidney Sheldom, o Daniel Steel.

Ahora de grande me estoy dando cuenta de donde vienen tantas cosas. Mis abuelos tuvieron mucho que ver. Los abuelos seguramente fueron padres no muy amables con sus hijos, pero sí lo fueron con sus nietos. Entonces, tuve abuelos geniales. Mi mamá trabajo toda la vida y pase mucho tiempo con ellos. Era una casa chica, normal pero teniamos acceso a una escalera que daba a un patio, con amapola, con un árbol de laurel que usábamos para la comida, un cedron y plantas raras. Mi abuelo y mi abuela hacía las pastas caseras
Me ponían a upa y me contaban cuentos. Los juegos, todo eso tuvo que ver con la cuestión creativa. Y Sobre la novela que decia Maria, le dije, ¿si yo escribo una novela que sea la vida de un puto, sería una novela? Me dijo que sí. Si escribo una novela de cómo crece un puto solo con su secreto y sufre y después se hace puto y se rebela y después tardíamente se hace travesti? Me dijo María Moreno que la escriba. Sería un trabajo interno real, para hacer una ficción. Esa es una idea que me parecía intersante. El primer capítulo se titularía "La pobre soledad del niño puto". Quizá el libro se llame así también. Porque el niño puto vive en una soledad tan terrible que nadie es capaz de entender, porque vos sentís que no merecés vivir, porque sos algo que nadie quiere que seas, entonces no le decís nada a nadie. A menos que sea tan obvio que lo único que te quede en la vida sea chocarte como una bestia contra todo porque están todo el día midiendolo. La típica mariquita del barrio.
Yo me encontré con mi vida. La gente quiere que lo que ponés en los cuentos sean tu vida, hy un morbo. Y no es así. Aunque algunos berretines de los personajes son míos, pero no es autobiográfico.

Cuando era chica me encerraba en el galpón del fondo de mi casa bajo llave. Mirá hasta qué punto sabía siendo tan chica que habia cosas que no podía mostrar. Había una mesa, de esas con fórmica, abajo había guardadas unas revistas viejas tipo Anteojito, yo las cortaba, y los personajes cobraban vida y armaba historias, novelas, los hacía hablar, y yo me ponía de novia, y me besaban los hombres. Cuando salía del colegio dialogaba como él y como yo, en una relacion amorosa que no se iba a dar. Es horrible eso. El puto tiene una infancia en general muy solo, con miedo de ser descubierto, de algo pecaminoso y castigado. Y los que me tratan bien, me sirve. Lo demás me chupa la pija.
La primera vez que me puse tacos en la discoteca sentí una electricidad desde los pies a la cabeza. Esto es lo que soy. Yo fui de tapado a puto careta, a puto bardo, a travesti.
"Publicar un libro está bueno pero no me cambia la vida, tengo que ir a la feria de todas maneras.
La literatura, como cualquier rama del arte sirve para modificar la realidad; para educar o hacerle creer a alguien lo que vos querés que crean. El genio publicitario del nazismo pudo haber usado ese talento para otra cosa. Sirve para manipular. También existe León Gieco y Palito Ortega, obvio; Marta Linch y Bukowski.

Mujeres de Dios en La Voz del Interior


año nuevo, lobo amigo

Un perro lobo asustado que viene a refugiarse a tu casa, se esconde debajo de todo y al rato se deja acariciar, te sigue si lo llamás perri perri cuando lo hacés de protectora de animales sin sociedad cuac para salvarlo del animal residente que es un perro grandote que se llama jercoff y es de pelo corti y parece muy civilizado y no peludo como el intruso pero es un "desorejado"; te sigue el lobo desde abajo de la mesa hasta atrás del mueble del televisor al patio lleno de viento frío o sea que viene y se hace amigo tuyo para que lo acompañes por la vereda hasta que encontremos de nuevo su hogar. En la esquina se da vuelta y viene a despedirse, agachada de cabeza y pata: es buena señal.

Los domingos son para dormir por Patricio Erb

"Los domingos no son cartesianas"
Por Patricio Erb. Vía
“¿Qué cuento te gustó más?” Sin lugar a dudas esta era una del 99% de las preguntas periodísticas que conocen de antemano su respuesta. “No sé”, me dijo la autora de “Los domingos son para dormir” (Editorial Entropía), que de inmediato amplió su contestación contándome los cuentos preferidos de otros. “Los domingos son para dormir”, de Sonia Budassi, invita, del primero al último de sus relatos, a mirar una pantalla de 1000 pulgadas de ideas que buscan desesperadamente un pedazo de carne. “Acto de Fe”, “Seis menos dos”, “Fuera de temporada”, estuvieron entre los mencionados por Budassi (que otros le dijeron), como las narraciones que más gustaron. Tal vez estos tres cuentos pueden pensarse como el paso de la racionalización cartesiana más brutal a la materialidad del dolor (sea de felicidad o de tristeza).“Acto de Fe”, con mirada femenina, hace recordar a "Memorias del Subsuelo", de Dostoievski. La protagonista, sola en el extranjero edifica sus relaciones (lo maravilloso, lo más o menos, lo terrible) de forma imaginaria. Incapacitada de gritar... de decir, la actriz principal del cuento mantiene vínculos ficcionales con los que la rodean. Pese a todo, allí deviene lo concreto: la muerte, como una irrupción en la vida intelectual, inmóvil, de ella, que sabe pero no puede. Imaginando una línea progresiva hacia la tangibilidad, el cuento “Seis menos dos” podría funcionar como un puente entre lo intelectivo y lo material: la vida de una niña de campo que, dentro de su mundo enfant, vive junto a sus tres hermanos, en casi una misma escena, el nacimiento (fallido) de un ternero y la muerte de sus padres.Con respecto al primer cuento aquí mencionado, en “Seis menos dos” se observa un giro: la niña protagonista del cuento, dentro de su inocencia, es parte del barro del mundo; mira como sus hermanos (sin éxito) ayudan a parir a un ternero, siente dolor al clavarse una astilla y asume con naturalidad que no verá nunca más a papá y mamá. Finalmente “Fuera de temporada” es el punto de llegada de esta falsa progresión que elimina por completo al mundo de las ideas platónicas. Llegar a Pehuancó en diciembre significa abandonar el racionalismo cartesiano y entrar definitivamente al “conocimiento de sí” foucaultiano. No se trata de empezar a leer libros de autoayuda, sino de enfrentar físicamente los problemas que nos atormentan. Tres amigas en un balneario (nada chic) del sur de la provincia de Buenos Aires fuera de temporada, es la entrada concreta de “Los domingos son para dormir” a lo bello y a lo desagradable de la vida.