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armamos una pequeña REDACCIÓN DE RESEÑAS Y ARTÍCULOS
PROYECTO COLECTIVO TAN HUMULDE COMO PODEROSO
escrito por periodistas y emprendedores de nuestra bella cultura
que UD quizás, 
debiera conocer.
Ya hay un texto de Ximena Tordini sobre un libro de Ignacio Molina
con pasajes tan lindos como éste:

"Los relatos que integran En los márgenes recuerdan a esos mapas que hacíamos en la escuela primaria. Primero el mapa político comprado en la librería del barrio, encima, pegado sobre el margen izquierdo, un copia en papel de calcar en la que coloreábamos los cuatro climas o los principales ríos. El mapa comprado no era el territorio, y el mapa traslúcido que le superponíamos hacía dialogar nuestro propio trazo con el territorio nacional. En los márgenes exhibe un gesto similar, en el que dos modos de realidadficción se encuentran: el registro que se presenta como autobiográfico y una edición literaria en la que apenas cambian los nombres propios y se eliminan los comentarios de los seguidores del blog."

Hazte fan de dicho blog!

Se publicó bazar americano. Aquí mesmo, la reseña que escribí sobre el libro Bellas Artes del compatriota Luis Sagasti!

Bellas Artes, de Luis Sagasti, Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2011
“Por los espejitos de nieve que cuelgan de los árboles pasa como ráfaga la cara de Beuys, deshecha entre la tierra. Los espejos de nieve como pequeñísimos haikus perfectos”.

El narrador de Bellas Artes, de Luis Sagasti, afirma que Matadero cinco, de Kurt Vonnegut, puede leerse de varias formas: como “la alucinación de un herido de guerra, desvaríos de un ex combatiente viejo, o una historia de ciencia ficción autobiográfica”.
Una hipótesis de lectura multiforme – sobre un texto híbrido- podría arriesgarse sobre la propia novela Sagasti. Porque el libro adquiere, por momentos, el tono de una fábula para niños tan tierna como truculenta. Por otros, puede leerse como un trazo que toma el gesto de un Imago Mundi que tensa lo extemporáneo y lo actual. Y, de ese modo, Bellas Artes plantea la posibilidad de un efecto universal: poner en evidencia el conflicto entre lenguaje y mundo.
La novela regala, además, un tratado de estética con el foco puesto, en especial, en el proceso creativo motorizado por el dolor, la experiencia o el azar. En este sentido, hay una preocupación centrada en la búsqueda más que en el resultado, aunque estos no se omitan. Se comenta El Principito de Saint Exupery, y el momento de su muerte, responsabilidad del aviador Host Rippert. Se describen los bocetos que dibujaba el escritor, pero también los del militar culpable. Se cuentan las performances del artista Beuys y cómo sobrevivió, luego de una batalla, gracias a los tártaros y al chamán de la tribu que leía constelaciones.

La incomodidad como contracara del asombro

Copio algunas notas desprolijas que me sirvieron de base para presentar el libro de cuentos En los márgenes, de Ignacio Molina. Editorial 17 grises.
Cuando empecé En los márgenes de Ignacio Molina me dio tal entusiasmo, que cuando me puse a releerla, con las partes marcadas incluidas, me dije: uy, cómo hago, en la presentación me van a dar ganas de leerles todo el libro!
Así que, y también teniendo en cuenta los críticos que nos acompañan en esta mesa, voy a compartir con uds algunas notas sobre los tópicos y climas –porque en la literatura de Molina hay historias, personajes, pero también texturas y climas intensos- que fui apuntando durante la lectura, dejando mil cosas afuera.

1) El sentido común
En los 90 tuve la suerte o la desgracia de hacer uno de esos cursos de “control mental”, que daba consejos sobre cómo relajarse cuando tenés la cabeza muy acelerada, o te cuesta dormir. Una sugerencia, que todos los que íbamos confesabamos hacer, por sentido común, era lo de imaginar, para combatir el insomnio, un lugar bello y tranquilo. ¿Vos qué lugar imaginarías?
una Playa paradisíaca, un arroyo de aguas transparentes y tranquilas, un atardecer
Pero en el universo de molina, o de medina, el narrador de este libro, las cosas tienen otro valor, y suelen ser encantadoramente distintas al sentido común:
Leemos:
“Como hago siempre que no puedo dormir, traté de pensar en lugares tranquilos a esa hora de la noche. Por ejemplo: la cancha de básquet del club Napostá, una esquina desierta de la Paternal”.
Lo que atraviesa el libro es una mirada propia, distinta, sobre tópicos que nos resultan familiares. Sin efectismos, el libro de Ignacio logra quebrar nuestras expectativas sobre pequeñas cosas, rutinas, eventos cotidianos que podríamos haber vivido, en cualquier ciudad, cualquiera de nosotros.

2) El tiempo:
El paso del tiempo es quizá el núcleo o conflicto de este libro. A veces pareciera que En los márgenes es un texto de iniciación al cuadrado: hay pasajes del viaje iniciático del adolescente a Buenos Aires. Y después, el siguiente cimbronazo, es el de la adaptación al mundo del trabajo, de las responsabilidades familiares, de la paternidad, sobre todo eso: el paso de además de hijo, padre. La pregunta de la pareja del narrador que se va reiterando: ¿Como te ves siendo padre?
Por un lado, entonces, estos ciclos narrativos, a veces se condicen con ciclos vitales, y son definidos por estas experiencias de vida muy fuertes. Por otro lado, en estos ciclos intervienen también las marcas temporales propias del autor, desviadas, personalísimas. Como, por ejemplo. cuando antes de contar una acción, fija el momento histórico:

“Anoche, después del partido de Olimpo...”
Entonces, la marca temporal es una marca personal. Hay un tiempo biográfico propio pero es como si las estaciones existieran al interior de Molina: y esto no lo convierte en un narrador aislado sino que, por el contrario, vive integrado y susceptible al entorno, vive observando y cuestionando. Es más, podría decir que está incrustado, y problematiza desde ese lugar. Esto le brinda al texto dinamismo en el que, por ejemplo, salir a hacer las compras al supermercado chino, pueda llegar a ser una auténtica aventura, aunque esté contado con el estilo Molina: un tono austero, claro, preciso.
3) La trama:
Para no anticipar demasiado lo que Uds seguro leerán en breve –porque además ser un spoiler está mal- sólo voy a contarles un aspecto del maravilloso mundo medina. En este caso, me gustaría que vean en qué pueden consistir algunos climax, es decir ese momento intenso que la narrativa clásica hace coincidir con la resolución de grandes peripecias, como cuando un protagonista boxeador gana una pelea, o el asesino malvadísimo es capturado por un carismático justiciero. En el mundo molina, el clímax puede darse en una escena, como por ejemplo, aquella en la que
está con su bebé en la casa de unos parientes, que parecen lejanos, en Avellaneda. Él y su mujer los visitan para que conozcan al bebé.
Es domingo, está presente esa modorra de la sobremesa con calor después del asado y de haber tomado algo de vino. Y, en un momento arranca esta conversación, que si hubiera sido escrita por otro narrador podría calificarse de trivial:

“Cuando se enteró de que yo era de Bahía Blanca, Ovidio dejó pasar unos segundos y me dijo que él conocía a una mujer que tenía un hermano que había jugado muchos años en Olimpo pero que ahora no podía recordar su apellido”.

Finalmente, el primo recuerda el apellido: Oviedo.
El narrador cree que se trata de un histórico jugador de los 80, pero no pueden comprobarlo si no saben el nombre.
“Ahora el problema lo tenía yo: con el nombre de pila podría llegar la confirmación definitiva de que nos estábamos refiriendo a la misma persona.”
Va cayendo la tarde, el bebé del narrador despierta llorando en una habitación, y el padre va a buscarlo: lo que sigue es uno de los tantos pasajes casi místicos que encontramos en el libro. Y un ejemplo más que ilustrativo de los tipos de climax del relato, y de los descubrimientos geniales que mueven la trama:
“Mientras caminaba al interior de la casa, tuve una especie de iluminación. Lentamente, como pidiendo permiso, vino a mi cabeza una música con sonido de AM que, durante casi veinte años, había estado durmiendo en un lugar recóndito de mi memoria: “Raúl Daniel Schmidt, José Ramón Palacio, Manuel Cheiles, Alfredo Aquiles Oviedo”...y casi al trote fui a alzar al bebé para volver sobre mis pasos.
-¡Alfredo Aquiles! Dije a los gritos, sin miedo al ridículo, cuando volvimos al fondo.

4) Cuestiones de clase y cuestiones de edad.
Como en otros textos de Molina, en los margenes pone el foco en lo cotidiano, hasta configurar una verdadera épica de las costumbres. Entre lo doméstico y los social, los escenarios, paradójicamente, le van a parecer al lector tan cercanos como extraños.
Lo que circula –y es troncal- es la sensación de extrañeza de quien no da nada por supuesto, ni siquiera el recuerdo evocado mil veces, pero, sobre todo, la rareza ante lo conocido está dada por que volvemos a verlo a través de un lente de un hiperobservador.
Esto crea dos fuerzas en pugna pero complementarias: Por un lado, esa extrañeza nos habla de la incomodidad del narrador con el mundo, y eso es, al mismo tiempo, lo que nos permite experimentar la maravilla que por tan notable y expuesta, se vuelve invisible hasta que Molina las rescata para nosotros a través de estas historias.
Asi sucede en las siempre distintas escenas que ocurren entre los padres e hijos, o entre madres y madres e hijos, entre adolescentes y ancianos en las plazas; y también en los colectivos urbanos, o en los espacios comunes de los edificios.

Y si a veces el narrador se torna crítico con quienes son y no son a la vez de su misma clase, también es crítico consigo mismo como en esta escena en que se ve una pelea leve entre vecinos en la pileta común de un edificio. Molina concluye:
“Familias de clase media (profesionales, pequeños empresarios, comerciantes o empleados con sueldos bastante más altos que el mío) que cuidan con extremo celo ese lujo clorizado y enlajado que, deben suponer, les otorga algo más que alivio pasajero ante el calor de la ciudad”.
Otra vez, la incomodidad. Pero a ver...Medina no salió de un repollo, ni vide dentro de un raviol. Podemos arriesgar que Medina pertenece a la clase media, que es padre, que forma parte de una generación. Pero estas categorías no implican su aceptación absoluta ni significa que él encaje del todo: esto no lo vuelve un renegado, porque precisamente sobre estas grietas, en este corrimiento, Molina construye literatura.

El cruce que decía, entonces, es todavía más complejo. Porque el narrador es impudoroso cuando mira a sus semejantes en sus acciones públicas o cuando se expone en público una dinámica familiar o tribal, ya sea en las plazas, o en supermercados chinos.
Hay una de tantas escenas que ocurren en un colectivo en la que cuenta que la mayoría de los pasajeros se hacen los desentendidos a la hora de ver a su mujer embarazada y cederle el lugar.
“-A ver si alguien le da el asiento a la señora de verde, que está embarazada- pidió a los gritos, y yo, aunque me sentí bastante contrariado con el término “señora”, tuve que girar el cuello para agradecerle con la mirada.” (más adelante, sutilmente, también se va a incomodar cuando un chico le dice “señor” a él)

4) El extrañamiento como ars poética

Y esa descolocación, sensación de extrañamiento, también está puesta de manera concreta sobre la representación. Pareciera que siempre hay un velo sobre lo real, una bruma de indefinición, un signo de pregunta:
“Por la noche, pasan las últimas imágenes del concierto de una orquesta sinfónica en el Monumento a los Españoles. Por la ventana puedo ver los fuegos artificiales en la pantalla reflejada por el vidrio, y, en simultaneo, esos mismos fuegos coloreando el horizonte” .
Intento de robo a la vuelta de la casa “Un móvil transmitía en vivo desde el lugar de los hechos. A través de la cámara el barrio se veía diferente al que yo podía ver desde la ventana, como si fuera el recorte amplificado de lo que es en realidad. Hasta los detalles más familiares se veían distorsionados”
Esa pequeña distorsión aparece en el propio texto. Y acá emerge otro aspecto de En los márgenes: por debajo nos sólo nos plantea la idea del mundo, sino un ars poética, un sutil programa estético.
Y con respecto a esto me gustaría subrayar que en este libro, la incomodidad con el mundo es la contracara del asombro. Y eso es lo que hace que el libro sea atrapante, que no se pueda dejar de leer, que nos divierta, y que nos emocione como sucede con el extenso relato de la paternidad, pero también cuando se narran torpezas de la infancia. E, incluso cuando se señalan cuestiones de la vida, que por evidentes y naturales no dejan de ser crueles:
En el cuento “Un padre de familia sin auto” se lee:
"1998
Una tarde de la semana en que cumplo veintidós años, encerrado a oscuras en mi cuarto con un ataque de migraña, tengo, por primera vez, una revelación que incentiva el dolor: la juventud no es infinita, algún día voy a ser viejo."

Para ir terminando quería decir que además de ser un libro sobre el paso del tiempo, todo está narrado desde una cercanía que busca afianzar una relación de amistad con el lector, sin hacer ningún tipo de concesión. Y a tal punto propone esta relación que, incluso, como un amigo, nos quiere hacer pensar, pero también sonreir y pasar un buen momento, y revelaciones importantes: propone incluso una teoría acertadísima de Bahía Blanca como ciudad tímida, y cómo esto se vincula con el fracaso de sus selecciones de básquet en la Liga Nacional. También hay una reivindicación que en lo personal disfruté mucho–la leí y pensé: claro, los porteños tenían 6 canales de televisión cuando nosotros apenas dos, y que transmiten pocas horas, algo que en la infancia envidiabamos mucho- pero gracias al texto de Molina no sólo me di cuenta de que los porteños no tenían semillitas de girasoles, sino que además, descubrí la relación de este simpático alimento con una forma de hacer literatura.


La verdad uno tiene pocas oportunidades de hacerse amigos, y mucho más, de que un texto nos llegue tanto y nos proponga esta sincera relación de amistad como hace En los márgenes. Y este, quizá, sea uno de los tantos hallazgos del libro.

hoy presentamos el libro de Ignacio Molina "En los márgenes"


un libro tan lindo
se presentan otros dos, que todavía no leí
¡Viva!
Iupi
qué bueno che

Como hago siempre que no puedo dormir, traté de pensar en lugares tranquilos a esa hora de la noche. Por ejemplo: la cancha de de básquet de napostá, la cima de cierra de la ventana (...) una esquina desierta de la Paternal.”




Sobre el libro "El discurso amoroso. Tensiones en torno a la condición femenina" de Adriana Boria


¿Qué modelos de mujer proponen hoy los medios de comunicación? ¿Cuáles son los aspectos que hoy se relacionan con “lo femenino”? ¿Cómo el entramado de discursos sociales procesa y retroalimenta aquello? El planteo de El discurso amoroso. Tensiones en torno a la condición femenina de Adriana Boria (Ediciones Comunicarte) trabaja sobre novelas del siglo XIX, período en que la literatura goza de un papel fundamental en la formación del imaginario social.
Magíster en Sociosemiótica y Doctora en Letras, la autora se concentra en enunciados que revelan la intimidad de los personajes de ficción, en particular de las mujeres, a través de la exposición narrativa de sentimientos amorosos. Parte de una doble premisa: desde “esa zona de discursividad que he denominado discurso amoroso”, sigue a Foucault y considera a los discursos como “productores de saberes”. Y, al mismo tiempo, sostiene que hay que tener en cuenta que éstos, a su vez, también se vuelven saberes productores de sujetos. Los textos literarios del siglo XIX se integran a un conjunto estratégico que denomina de “control y regulación de las pasiones”, en especial de la pasión amorosa. La autora trabajará con un corpus de las llamadas novelas clásicas del período que, en su mayoría, terminan cumpliendo una función didáctica.
El libro está dividido en tres partes. La primera es una rigurosa fundamentación de su perspectiva teórica, encuadrada dentro de lo interdisciplinario. Por un lado, Boria sigue la concepción bajtiniana de la subjetividad en cuanto a proceso de autopercepción dialógica. Por otro lado, retoma la noción de producción histórica de Michel Foucault, y en particular, el interrogante acerca de “los modos de subjetivación del ser humano en nuestra cultura”. El discurso amoroso resulta un objeto fértil ya que en él se produce siempre una interacción dialógica; una síntesis entre lo interno y lo externo. “El diálogo amoroso pone en juego las zonas más oscuras y secretas de los hombres operando al mismo tiempo como constructor de identidades individuales y sociales”, afirma. El apartado termina con un repaso por los postulados de diversas ramas feministas, desde Butler a Liz Bondi.
El segundo capítulo es una “pequeña historia de la mujer” de la Francia de esa época, en que se inicia un debate relacionado, dice Boria, con el tema de la mujer y la búsqueda de sus características particulares. En la discursividad de la revolución hasta mitad del siglo pueden leerse continuidades y rupturas. En los textos aparecen dicotomías claras que asocian determinados objetos al hombre y la mujer, y que prefiguran una manera de (deber) ser, ya que apuntan que cada uno se corresponde con la naturaleza femenina y masculina. Al hombre, como podemos imaginar aún hoy, se lo asocia con la pluma y la espada; a la mujer, con la aguja y el huso; a él con las producciones del genio, a ella con los sentimientos del corazón. Al mismo tiempo, la autora señala paradojas y contradicciones entre la retórica de la revolución y la realidad. Por un lado, señala avances: las mujeres pueden frecuentar el espacio público antes vedado, los salones y, por poco tiempo, se establece la ley de divorcio. Pero también indica que estas nuevas conquistas conviven con mensajes alarmistas frente al protagonismo femenino en la revolución. En este recorrido, de manera entretenida, Boria expone y reagrupa diversos testimonios y documentos de la época, y da un contexto necesario que contribuye no sólo al análisis posterior, sino a estudios por venir que indaguen en otros períodos.
Las novelas de esta época son estudiadas desde sus funciones modelizadoras y normalizadoras de la identidad de la mujer. En su corpus Adriana Boria incluye obras de autores como Alejandro Dumas, Honorato de Balzac, Stendhal, Próspero Merimée y George Sand. En ellas leerá un complejo entramado de tópicos, estigmatizaciones y lugares comunes. En la construcción literaria de las “mantenidas, queridas, amantes, coccotes ”, por ejemplo, descubrirá su funcionalidad al sistema: mientras cumplan con su papel asignado y no intenten ocupar otros espacios, será imposible que adquieran legitimidad en otros ámbitos. Por citar un solo ejemplo, esto es lo que ocurre a la protagonista de La dama de las camelias , que es “castigada” con la enfermedad y la muerte cuando quiere correrse de su estatuto y pasar a ser esposa.
El mayor aporte del texto no sólo está en las ambivalencias que descubre y las figuras de mujer que revela que, como afirma, permanecen aún hoy. Queriéndolo o no, el libro abre las puertas a nuevos estudios sobre productos culturales más próximos en el tiempo; que incluyan discursos que exceden hoy a la literatura ya que ésta, como modelizadora y estatuto de referencia social ha perdido peso. Al mismo tiempo, El discurso amoroso… bien vale como rico material de lectura y referencia para especialistas y legos, en especial aquellos apartados –que afortunadamente abundan– que superan el horizonte de expectativas de quien ha leído aquellos clásicos de la literatura.

Un momentico del año que estuvo bueno

Patricio Zunini, coordinador de los coordinadores de mesas del Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires alias FILBA y su titánica tarea de desgrabar la conversación que mantuvimos con Ercole Lisardi, Alejandro Ferreiro y Federico Polleri.
Pareciera que la pasamos bien.

Para mí es una topografía

Salió una nueva Bazar Americano. Escribí una reseña sobre la última novela de Gonzalo Castro, Helice. Que pueden comprar en muchos lados para así poder leer. La novela digo, la reseña es gratis, en terminos económicos, pero siempre hay que invertir tiempo, debería haber un índice así pero es medio angustiante. 
Este número de Bazar tiene  muchas reseñas, artículos, columnas como para leer dos meses con tranquilidad. 

todo lo que no estuvo acá

estuvo allá en ese blog impensado hace poco tiempo atrás...

Ahora tengo que hacer el último posteo y es un bardo mental.
"Los mundiales se derrumban" escribió en un artículo excelente Marcelo Gantman en la primer revista Soho. Los blogs mundialistas en otro sentido, también.

En este tiempo hubo links que no puse por temor a autoboming de más, la presentación de dos libros de mua, uno de cuentos, el otro el apache; de dos libros de Tamarisco de dos autores que admiro y melodramas y euforias y lecturas que no son todas para contar. Tengo una remera del Manchester City, la 32 de Tevez. Un Pijama del Machester City, chetor total. Me los regalaron.Tengo dos libros felices de una editorial cordobesa. Me los regalaron porque no aceptaron que los compre. Negocié intercambio. Viajaron estoicos para mí. Hace menos de un año viajé gracias a Editorial Recovecos a presentar allá Los domingos son para dormir y conocí a dos chicos que me preguntaban de Tamarisco, me contaban sus ganas, su literatura, un proyecto. En tan poco tiempo concretaron la odisea. Uno de ellos, Fabio Martínez ganó un Premio del Fondo Nacional de las Artes. Publicó un libro hermoso. La otra pata es Martin Maigua. La editorial es linda y se llama Editorial Nudista. No me dijeron el por qué del nombre. Es tarde y tengo que escribir el último post pero no acá. Estoy cansada y más básica que nunca.

Y si alguien quiere ser mi blogger ghost writer puedo seguir el juego. Pero sólo por un rato, y hasta por ahí nomás.

Cosas de la FLIA: El amor en internet

Pongamos por caso, no real que

Estuve enamorada de un chico. Hacíamos excursiones al vivero y volvíamos cargando de a dos macetones incómodos, nos esperábamos a la salida del subte para volver caminando a nuestra casa, nos dejábamos notas imprevistas, baldeabamos el piso descalzos para lavarnos las patas después; nos hacíamos regalos por nada y teníamos épocas en que nos peleabámos feo y un montón y nos quedábamos tristes.

Había un chiste recurrente, porque también éramos consultores mutuos de alguna que otra estrategia laboral. Un día, hace mucho años, desesperada porque no se me ocurría sumario, y aunque esa revista no me interesaba pero necesitábamos más plata para pagar el alquiler, desesperada le digo:
¡Ya se! ¡Propongo una nota de amor en la web!
El se río con una carcajada amplia que enseguida me contagió.
¡¡¡Qué nota truchísima!!!
Se había escrito mínimo como mil veces ya. Un embole. Escribirlo no suena gracioso. En la complicidad hay cosas que lo son, pero afuera se pierden. Pero sí nos reíamos de eso.

Cada vez que él iba a mandar un sumario me lo mandaba antes a mí para que "lo chequeara", y resurgía ese chiste tonto.

Hoy buscando en gmail no se que cosa, apareció un viejo mail al respecto, y me volví a reír.
Más tarde fui a la FLIA, y eligiendo textos de Belleza y Felicidad encuentro El amor por internet ¿En verdad existe? de Guido Eugenio Sures.
Fue la primera vez que compré un libro por el título.
Acabo de llegar a casa, acabo de leerlo, y me encantó.
Me quedan como diez cosas más por leer aún.

Son todos unos hipócritas (editando a Lamberti-Visitando Recovecos))

2009.
La señora de al lado dice que acá te sirven whisky, que ella viaja siempre, que los asientos son cómodos, que la azafata pobre, siempre encuentra a alguien curtiendo y es una falta de respeto, yo la otra vez vi una pareja y le fui a avisar. Habla mucho la señora, pero dice "perdón no te quiero interrumpir" porque es notable mi actitud sobreactuada de "quiero leer": Tengo enfrente de la cara, a la altura de los ojos -es incómodo, pero comunica bien la intención- la antología de "jóvenes narradores cordobeses".
(Yo sabía de la existencia de una empresa de omnibus evangelista que te lleva a Córdoba que pienso tomar la próxima vez que vaya. Ahora viajo porque me invitaron buena onda a presentar Los domingos son para dormir, allá)
-No, no quiero whisky, señora, gracias. Tómeselo usted si quiere, ningún problema- La señora ya hizo atestiguar a la azafata de que es cierto que ella misma fue quien denunció a la pareja que hacía la porquería en el primer asiento.


Yo nunca había ido a Córdoba y hacía cálculos de la distancia entre Bahía y esa ciudad. O como siempre, Bahía como referencia arrebesada con respecto a capital: "Córdoba queda más lejos que Bahía".

A Falco lo había leído, tuvo la generosidad de
editar El pelo de la Virgen en Los Simples de Tamarisco, o sea, que lo habíamos también editado y además de buen escritor me pareció un tipo genial.
A editores que respeto y admiro, como Alejo Carbonel (aunque él es entrerriano) y a Carlos Ferreyra, los conocía por sus catálogos -Alejo también escribe, había leído su poesía, antes editaba La Creciente, ahora Caballo Negro) y en un encuentro que organizó la editorial Recovecos acá)
Yo ya había leído la primera versión de El asesino de chanchos de Luciano Lamberti, algunos cuentos de David Voloj, y los de Pablo Natale, y me caían bien todos de haberlos leído; es buenísimo lo que hacen...ah, y a Cuqui (no encuentro la tapita de Kiki, super recomedable libro)también la había leído, me había encantado pero le había escrito antes de ir y ella no iba a estar ahí.

Y la señora antes de dormirse me advierte: "Tené cuidado con los cordobeses. Son todos unos hipócritas".
(continuará...)

María Moreno+Cristian Alarcón el domingo presentan

Para Ñ escribí sobre un Salinger vivo, mi hermana no leyó Salinger y no entendió, la consigna era tremenda y el ex senador leyó todo

La consigna desde el vamos era un poco complicada, pero como nos gustan los desafíos, aunque después nos avergüencen los resultados, dijimos que sí.
"una carta a salinger, o una escena de ficción con él, o un diálogo, o una reescritura en miniatura de un libro de él", pidieron.
Como siempre asumimos que las consignas están ahí para que juguemos con ellas (la adrenalina de "ver si pasa"), me mini colgué con un personaje, el tan conocido del Guardián entre el centeno (y sus multiples traducciones).
Mi hermana lo leyó y me dijo que no entendió nada (no porque me haya hecho la sofisticada; es que nunca leyó Salinger). Lo más extraño es que el ex señador que lee lo leyó y después por eso me citó. (¡¡¡!!!)
Era esto:
El eterno retorno de Holden Caufield
"Elina G tenía nombre de señora, de vieja decían, y era tan particular que bordeaba el cliché de las películas más previsibles del cine yanqui: aquellas que toman el tópico universal de la lucha entre adolescentes lindos y adolescentes feos, y que suelen volverse una apología de la discriminación. Elina G era “gordita”, usaba lentes y el pelo carré muy lacio, tartamudeaba, y era amiga de la chica más odiada del curso, acusada con justicia de “cufa”, “chupamedias” y “buchona”. Pero Elina no tenía el carácter de su amiga, tampoco sacaba tan buenas notas y se vestía bastante peor que el promedio. En el viaje de egresados, Elina lloraba porque extrañaba su casa. La noticia trascendió. Los varones del curso se organizaron: pusieron un encendedor sobre el pulverizador de un desodorante y armaron un lanzallamas casero. Accionaron sobre el picaporte de la habitación de Elina G. El objetivo, creo, era que la amiga de Elina se quemara la mano, pero ella no fue la primera que entró. No todos éramos tan especiales como ella pero sí nos sentíamos valientes y tremendos, salidos de una historia leve, un poco triste, sobrevivientes de un drama gris como Holden Caufield, moviéndonos en un punto medio que oscilaba entre la adaptación mínima y la frustración constante, creyéndonos proyecciones vitales, únicas, de ese personaje que hoy podría ser nuestro abuelo pero que reaparece en cualquier colegio público o privado, de generación en generación."
(publicado en la revista Ñ, después de la muerte de Salinger)

"Escribirlo es muy divertido "

"Me parece que hay un universo que está relacionado con la belleza desde una manera esquemática o convencional, la dupla de belleza y juventud. A mí me interesa lo joven un poco arruinado, que no es tan perfecto. Eso también es bello."

vamos de nuevo, tamarisks



¿todavía no te fuiste de vacaciones?

VARADERO Y HABANA MARAVILLOSA.
Relatos de Hernán Vanoli.
Un libro muy lindo, y no es porque lo diga yo.

Blog+libro


por fin linkié el blog de margarita al costado
Este año publicó su primer libro, de relatos, que, lo digo otra vez, me encantó. Y no soy la única eh; tuvo lindas reseñas y comentarios y recomendaciones de persona a persona, de lectores a lectores y lectoras a lectoras y de blogs en links. Se lo regalé a mi hermana y a ella también le gustó mucho. Eso sí me había olvidado de decir.

Sobre Zettel de Héctor Libertella

Editorial Letra Nomáda, 2009.

(Un libro precioso)
(...)
"La contratapa de Diario de la rabia, uno de los últimos títulos que publicó en vida, señala que estaba trabajando en este libro. La novela –editada por Beatriz Viterbo– a partir de la historia de arqueólogos, copistas y dudosos reyes es, en definitiva, una mueca irónica, a la vez que gesto intenso, de preocupación por la traducción; por la lectura y la interpretación; la reescritura y la tensión entre ficción y realismo. En esa línea, sin su aparato narrativo, retozan con brío los fragmentos de Zettel. En el prólogo, Laura Estrín habla de “una escritura deshilachada” que iba uniendo su obra en una sola. Por un lado está también el “homenaje” a Wittgenstein, a quien de manera explícita cita Libertella en un epílogo no señalado como tal. “¿Papelitos que sobraron de otros libros? ¿Notas y apuntes de notas por venir?”. También apunta que esas líneas no van a ningún lado, en una afirmación tan cierta como discutible. Si los cuadernos de notas son embriones de textos que tomarán otra entidad; si se asumen como borradores de ideas, como golpes fundantes, Zettel opera, al mismo tiempo, en un sentido inverso. Estas notas vuelven al resto un conjunto dinámico y tan macizo como evanescente: el libro motivará a revisar la obra anterior, a reescribirla, y redireccionarla. Puede revertirse la casuística; se puede comenzar por el final".
(...)

¡Dos días en Córdoba! (o en la vida literaria de)


Dos días en la vida de Córdoba literaria tendremos gracias a la generosidad y agite de la Editorial Recovecos. (con apoyo de su propia fundación "Acciones de bien")
Estaremos partiendo esta misma noche con una valija gigante que los cordobeses mirarán con recaudo, desconfianza y quizá temor especulando, por su tamaño, que voy con ganas y recursos como para instalarme.
Mas no, la valija contiene, sobre todo, libros. Y es aquí, en casos como éste, cuando comprobamos una vez más la promiscuidad de la edición independiente y de la lumpen: en la pesada valija conviven, no hay moral, libros de Entropía, de Tamarisco pero también casi que de La Funesiana.

La invitación fue así:
el viernes David Voloj (Autor del libro de cuentos "Letras modernas")
presentará Los domingos son para dormir

(el viernes 28 de agosto, a las 20hs. en "El Baúl" (Ayacucho 319, Córdoba, claro)



El sábado, tendré el honor de conversar con David Voloj nuevamente y con el escritor Pablo Natale, autor del celebrado libro de cuentos Un oso polar.

(si hacen click en ese último link (el que dice oso polar, sí) y van hacia el final de la página, verán que el desfachatado autor dice: "Quiero agradecer profundamente a: la joven y estúpida literatura cordobesa contemporánea" (...) para más luego agregar el nombre del prócer bahiense Emanuel Ginobili. El primer dato nos desconcierta, el último nos alegra. Preguntaremos sobre ambos y les contaré a quienes se queden en esta ciudad desquiciada.)
(sábado 29 de agosto, a las 19:45hs. en "Galileo" (Gauna 5700, Córdoba, claro)

(Yo pregunto por mail y por chat qué onda los escritores con el cuarteto y nadie sabe qué contestar.)

*los libros de tamarisco se consiguen en la librería del ciclista*
gracias en serio Recovecos y Entropía

la tercera es la vencida

ENTREVISTA A FOGWILL- por la reedicion de Vivir Afuera (publicada el domingo, en Cultura de Perfil; lo había entrevistado para el Suple el año pasado cuando Mansalva editó Los libros de la guerra, y antes en el Malba -tengo el audio, cada tanto aparece en el Ipod después de una que sabemos todos, un efecto raro) En esta no me decidí por el título; igual después pusieron una fuera de mis opciones:

“Vivir Afuera no le cambio una idea a ningún crítico”

“Si Vivir Afuera celebrara la democracia, daría risa”

“Ningún personaje es democrático”

“Debería haber podido insertar felicidad en Vivir Afuera”

¿A qué se dedicaría Saúl?¿Cuál sería el recorrido de Mariana?¿Con quien estaría transando el Pichi en el escenario post kirchnerista?¿tiene sentido pensarlo o la pregunta resulta demasiado lineal? Desde hace tiempo, en cada aparición pública, Fogwill se encargaba de defenestrar la primera edición de Vivir afuera, una de las obras que, para muchos, ha cifrado la década del 90 con mayor lucidez. Que la ilustración de tapa –una ruta con palmeras a los costados, sobre un fondo gris- no tenía nada que ver con la novela –“parece un afiche de ‘venga a Cancún que está nublado’”-que la diagramación del texto no era la convenida, que la distribución y la liquidación de las ventas no estaban bien. Los lectores pudieron constatar la ausencia de ese título en las librerías aunque, cada tanto, alguien alertaba de haberlo encontrado en un rincón de saldos de la calle Corrientes. Completando la serie de reediciones que vienen haciéndose de su obra –En otro orden de cosas, Un guión para Artkino, y sus artículos reunidos en el volumen Los libros de la guerra- acaba de aparecer Vivir Afuera. En el prólogo Fogwill afirma que la novela no envejeció y, ahora, cuando se le pregunta por los fundamentos por los que un libro se mantiene vigente, elige el contraejemplo para explicarse: “Si vos leés uno de esos libros de la desaparecidología, esos que se escribieron en los ochenta o un premio Clarín, te da la sensación de que es mucho peor que leer a Marco Denevi. Ni siquiera te digo que llego al extremo de decirte el factotum de La Nación, Mallea, pero sí ves el efecto de cualquier novela de los 50. Este libro, pudo apostar a algo que lo volviera viejo rápidamente. No seguiría vigente si fuera a la democracia lo que mi libro es al repudio de la democracia. Ningún personaje es democrático. Las chicas son fascistas. Y los que no son tan fascistas son, te diría, escépticos absolutos y nihilistas graves. Imaginate que ese libro hubiera sido escrito en los años de Alfonsín y que celebrara la democracia: daría risa. El triunfo de los derechos humanos, el juicio de las juntas, el país donde se estudia, se come…entonces sí hubiera envejecido. Lo mismo si sugiriera que el menemismo es lo peor que podría pasar. Pero este libro está sugiriendo que se vienen cosas peores”.

El misterio como estrategia. Vivir afuera funciona como una reescritura, bajo los efectos del neoliberalismo, de sus primeras intervenciones, aquellas que se preocupaban en señalar la continuidad entre la dictadura y la democracia no sólo en textos críticos sino en cuentos como Mis muertos punk, Ejércitos imaginarios o Pájaros de la cabeza, entre otros y también de Los pichiciegos –aunque, quizá, Vivir… no tenga la carga “profética” que Fogwill suele atribuirle a aquellos textos anteriores. “Sí. Es una reescritura… no sé si es conciente, pero me mantengo fiel a lo que pienso”.

Fogwill, sin necesitar subrayados –aunque reitere ciertas obsesiones- es un autor acertivo. Sin embargo, no responde de ese modo apenas se le pregunta qué no supieron leer aquellos críticos que, según escribe en el prólogo estuvieron “cada uno equivocado a su manera”. “No puedo responder eso, no lo sé. Si me dijeras que hubo uno que acertó te diría en qué se equivocaron los demás”, dice.

Parece una estrategia, querer plantar el misterio sobre una obra para que parezca inaprensible…

-Hay algo de eso, sí. A todos ellos les puede haber gustado el libro, etcétera. Pero a ninguno le cambio una idea. Y no son tipos imbéciles o hipócritas a los que el libro les haya cambiado la percepción de algo y después no lo quieran reconocer.

-La última vez que te entrevisté me dijiste que cada uno lee su espejismo mental cuando se enfrenta a una obra.

-Sabés que me parece que me equivoqué, porque Gandolfo no fue crítico pero tituló críticamente su reportaje, una nota cortita en Noticias. Puso como título “Lo sé todo”, cargándome, el mismo título que aquella enciclopedia. Pero era muy claro en Link, Schettini y Horacio Gonzalez que cada uno celebraba el halago o la palmadita o la franela que se le hacía a su doctrina. La reseña que menos me gustó fue la de Link. Porque no podía zafar de una condición aduladora. No digo que fuera un error de él, que fuera inauténtico sino que no podía zafar, él estaba escribiendo contra alguien que para mí que era Juan Forn, estaba escribiendo para enojarlo, a él o a Piglia.

-¡Como vos!

-(Risas)¡Yo vivo para atacar a Piglia!. Ahora me han dicho que su novela nueva es muy buena.

-¿Cómo hacés para zafar vos de aquel “espejismo mental” cuando hacés operaciones de lectura como aquellas en las que estableciste cierto canon?

-No siento que me pase pero siempre le temo a eso.

-Si los críticos no cambiaron con Vivir Afuera, ¿implica que creés en que la literatura tiene una capacidad transformadora?

-Si un libro no tiene la belleza de las grandes obras, como El Quijote, tiene que tener algo, sino no habría que haberlo hecho. ¿Qué puede conseguir un libro si no alcanza la belleza?

-¿En ese sentido falla Vivir…?

-Habría que escribirlo de nuevo, ¿no? Pero no tendría que existir el libro para escribirlo de nuevo.

Fogwill cita El despertar del nuevo día, relato de Hebe Uhart –quizá la única escritora a la que reconoce admirar en público- en el que “una viejita se cae y se golpea y la otra va a cuidarla. ‘No se me mueve de la cama que yo me ocupo de todo”, le dice la otra. Yo debería haber podido insertar “felicidad” –ponelo entre comillas que es una palabra de Sarlo esa-, una felicidad como esa en la novela. Pero no me dieron las pelotas, no me dio la lucidez para meterlo. Está rozada, hay una escena del Pichi en la casa donde hay una señora que es la que le cuida la pieza. Pero después si el tipo tiene alguna lealtad o solidaridad con el gordo del taller que es un cuadro de Aldo Rico, o con el cura o el pastor, eso se da en tanto comparten ideologías, no en tanto representen a lo humano. No hay nada humano ahí. Pero reconozco que no la vi. En segundo lugar me tranquiliza que ningún crítico la vio. Tercero, me amarga el hecho de que ahora que lo veo, no podría hacerlo.

¿Por qué no podés?

-Tiene que ver con la necesidad de escribir en contra como única manera de escribir. Pero de golpe, si uno pudiera pintar eso de Hebe Uhart…eso yo no lo puedo hacer.

-¿Qué ganaría la novela con eso?

Si tuviera eso, cerraría algo que en Vivir Afuera queda abierto.

-En algunas entrevistas de la primera edición reconocías cierta imperfección en la estructura de la novela.

-Yo había pensado en espacios entre bloques de párrafos y eso en general se cumplió; yo la escribí en la matriz de los libros que Sudamericana me había publicado, con los mismos espacios por líneas, y en una reunión con Chitarroni y Gloria Rodrigué, la dueña de la editorial y de Edhasa, me prometieron que el formato del libro iba a ser igual que los anteriores; eso daba 486 páginas. Primero, procuré que el 80 % de los saltos de texto, los saltos de bloque, fueran correspondiendose con saltos de página y los que no se correspondieran estuvieran en el medio. ¿Esto porqué? Por lo mismo que todos los libros que están escritos en bloque. Son los diez minutos que uno tiene talento para escribir, te fumás dos cigarrillos y tac. Terminaste uno de esos bloques de 1800 caracteres y sentís que ya te estas ahogando, ya perdiste oxígeno, te da hambre, etc, por eso los bloques de texto están cada vez más de moda. También hice algunos cifrados que ya perdí, una fecha de nacimiento, un número, los 69 se correspondían con actos sexuales, boludeces así, para divertirme. Para ahorrar plata también le pusieron un papel de diario y redujo en un 35% el tamaño de la tipografía.

-Me refería a la estructura narrativa

Sí, pero al cagarse en mi deleite de los ritmos que yo había logrado con los blancos y los negros de la tinta se me hizo más evidente que el libro no era El arte de la fuga de Bach.

-Pensé que te interesaba la falta de simetría.

Sí, me gusta, debe estar en el primer capítulo de En otro orden de cosas, donde lo digo; hay un pintor que trabaja con eso y me encanta pero no como algo no logrado.

-¿Qué expectativas tenés con la edición de El Ateneo?

-Todas las que tenía las cumplió. Me pagó, no mucha plata pero me pagó. Tengo la expectativa de que se agote rápidamente y me vuelva a dar esa suma. Cuatro mil ejemplares cash. Como estaba, Vivir Afuera era invendible en España. Tenía una tapa de cartulina de las de Tribunales, impresas con un sello de goma, no lo abrís. Pero este libro en España puede andar bien, no digo grandes ventas pero puede ser tapa de todos los suplementos conseguir críticas muy elogiosas como esas que suelen hacer los gallegos “por fin una obra que” y vender sus 600, 700 ejemplares, que está muy bien para un libro que no es para nada permeable para la cabeza española.

-¿Se tiene un poco idealizado el mercado literario español?

-Anda con una buena obra, un buen libro, con el libro de Diego Meret por ejemplo y para empezar Alfaguara, Sudamericana, Planeta, no se lo publican. Pero suponte que el tipo sea profesor de la facultad, o tiene un librito muy elogiado, le van a dar 1500 o 300 mangos acá; en cambio en España le darían 5000 euros y si puede vender igual que uno mío lo recuperan en un año. Cómo no lo van a idealizar, la belleza está determinada por el capital, que ordena que la relación euro peso sean mejores. Como contraparte, no entienden nada.

Fogwill señala que cuando Un guión para Artkino salió en España, a la semana generó 5000 referencias en Internet; hoy crecieron a 11000. Pero cuando uno entra en esas páginas, dice, no encuentra más que el texto de contratapa y la gacetilla de prensa. “No hay la menor discusión. La crítica española es completamente impune, ponen cualquier cosa.”

-¿Y cómo ves el estado de la crítica local?

Acá es mediocre pero no impune. Tienen miedo. Hasta el peor crítico de Pagina 12 tiene miedo de meter la pata cuando hace una crítica. Allá no tienen ningún miedo, están acostumbrados a seguir el poder de Prisa, el poder de Santillana, del Grupo Z, se cagan de risa.

En pocos días, Alfaguara lanzará un volumen con sus Cuentos Completos, que incluirá un relato inédito –en realidad, aclara Fogwill, ese texto debería haber salido por la Universidad Diego Portales, que “le pagó muy bien”- llamado Otra muerte del arte, que escribió en simultáneo con La gallinita mágica, el gallo de oro –aquel en que un padre le lee a sus hijos, otra vez una posible referencia a Piglia y su postura con respecto a la paternidad-, pero que, al encontrarlo el año pasado, corrigió un poco. “Con este libro trabajé casi tanto como escribirlo de nuevo porque reordené todo. Fuera de la cronología, intenté darle un ritmo”.

-¿Corregiste otros cuentos?

-Tuve problemas porque tenía muchas versiones diferentes, por las ediciones diferentes que salían en España, en Chile, pero ninguno es infiel a la primera version argentina. Yo escribi muchos libros que en realidad son truchos porque si te fijás, Mis muertos punk tiene tres cuentos que aparecen en Ejércitos imaginarios, que tiene cuatro cuentos nuevos que aparecen después en Restos diurnos, que tiene tres cuentos nuevo que aparecen en la otra versión de Muchacha Punk.

-En la última entrevista que te hice dijiste que no tendrías que haber publicado nada. Pero no sólo publicaste sino que reeditas. ¿Que libro no reeditarías?

Hace poco me compraron La buena nueva. Porque precisaba la guita. Vino la crisis y no la pudieron publicar, así que le devolví la plata y desarmamos la operación. Y ahora tendría que estar muy muy necesitado, y te llamaría a vos para que me prestes y si no me prestás vos tampoco, que sos la única persona a la que no cagué entonces tendré que venderlo de nuevo pero no me gustaría porque es un libro estropeado.

¿Por qué?

Porque ese libro salio original por Planeta; le faltan capítulos, por ejemplo, los de un personaje que se llama Lenin que era un gran amigo mío y que existía y que era librero. Además, cada vez que lo veo, siento la mano sucia de Juan Forn. Además está mi mano sucia, es un libro de mala fe que escribí contra Massera, pero hay algunos capítulos buenos que los voy a reciclar como relatos.

Estos fragmentos quedaron fuera de la charla. No tuve tiempo de desgrabar todo tampoco.

Sobre Busqued, Havilio y Meret y los fundamentos de lo que considera buena literatura
*En El país mencioné a Busqued, Havilio, Meret, esos tres que escriben libros verdaderos y no son talleristas para nada. No se ve la mano de Sacomano allí como si pasa en el libro de Laura Meradi, no hay vuelta de ellas ya hechas, si las hay, son de ellos. Tienen imperfecciones, pero quién no las tiene, ni hablar desde Proust. Esos 3 forman un bloque con Rafael Pinedo. Eso discutimaos con Cohen y Aira. Graciela esperanza no estaba de acuerdo. Tambien con Pablo Ramos, con quien no estaba de acuerdo nadie excepto yo, pero yo insisto en que es el más fuerte de todos".

"Porque no encuentro ninguna operación tramposa, ninguna aventura libresca, ningun amanecer titilante. ¿Captas?No aparecen rubias que fuman a la hora de la excitación sexual ni tipos de impermeables para crear una imagen de suspenso. Como en la ciudad ausente, que hay un tipo de impermeable que se llama Junior. No aparece nada de eso."

Sobre los redondos (¿?)

*"Porque salí con una ricotera, sabía los temas de memoria, cosa que casi nadie sabe, yo le decía no me cantes las letras, recitamelas, y eran todas una estupidez, El Indio es un genio, que magnetiza la voz, le gusta más el sonido, la palabra, que la sintaxis
Sobre Premio Indio Rico*
Indio puto lo llamo yo. Figurar con Leónidas en alguna lista me alcanza y me sobra, ya que no puedo estar con él en la de los grandes poetas.

que bueno que lo encontré

" (leyendo Kiki se puede ver cómo, en cierto modo, el teléfono celular ha pasado a ser un órgano sexual más)"

Encontré una reseña de KIKI de CUQUI que al final yo no pude terminar de reseñar escrita por Pablo Natale.

El libro está muy bien y tiene una tirada de, creo, 50 ejemplares.
Si no pueden comprarlo se los presto. Pero mejor si dan una mano y lo pueden comprar.

¡Margaritas, Miss Piggy!

De La mujer de mi vida me pidieron margaritas y ese día me parecía que me gustaba no me me gustaba esto que copio acá
(Buen título preguntarse si "las minorías están de moda". Dato anecdot: puse que me gusta el trabajo de una fotógrafa. Luego vi que a ella le dieron una doble página para parte de su obra y un texto en el mismo numero de la revis, una coincidencia geñal. En la revis escriben Rojas, Licitra,Cross, Kreimer, Angélica Gorodischer,Gorostiza, y varios más)

Me gusta muchísimo
Cuando descubro un buen libro sin que medie la recomendación de nadie. Me pasó hace tiempo con los libros de Zambra. La vida privada de los árboles es pequeño, intenso, poco pretensioso y, como toda novela, (pero aquí se da en su mejor expresión) funciona como una silenciosa prescripción de cómo debe escribirse una novela. También me encantan las fotos de Lorena Fernandez. Sus obras impregnan todo con su clima y te separan de cualquier lugar común que pueda rodear al problema que plantea su proyecto.

Me gusta mucho
Cuando alguien me recomienda libros. Pero convertí este proceder en una odiosa obsesión propia. Cuando leo algo que me gusta me convierto en una suerte de evangelizadora secular (por mi insistencia, algunos de mis amigos deben compararme con Los Testigos de Jehová). Practico dos modalidades. La menos invasiva es prestar o regalar esos títulos, aunque discierno según la persona y qué circunstancia atraviesa. Últimamente vengo prestando –está agotado- Sólo te quiero como amigo de Dani Umpi porque tengo muchos amigos recién separados. Y como acaban de reeditarlo en una económica y linda versión de bolsillo, también regalo Cuando me muera quiero que me toquen cumbia de Cristian Alarcón, sobre todo a perso
nas que dudan de lo literario en el género crónica (que tiene varios subgéneros a su vez), o mejor dicho que desestiman a priori el trabajo con el lenguaje que necesita cualquier texto literario, que a su vez puede estar "hablando del mundo". También Turistas, de Hebe Uhart y los de edición limitada del sello La funesiana son ideales para cumpleaños. La segunda modalidad es más molesta- me pasó con Levrero en estos- consiste en perseguir insistente como mosquita hambrienta a mi compañero de redacción o a alguna amiga a quien tenga cerca para leerle en voz alta párrafos enteros de un texto buscando el debate, la disección compartida o que ellos también exclamen “Oh, es una maravilla”. Todo empieza con una pregunta retórica: “¿te puedo leer un poco de esto?”. Ese es el momento en que varios, astutos, suelen emprender la retirada.

Me gusta poco
Los escritores que la van de elitistas, que son prejuiciosos gratuitamente. Un ejemplo poco grave y arbitrario: la reacción ante cierta música, pongamos Calle 13 por ejemplo. Una banda comunmente llamada “reggaetonera” que se escucha en la radio. Su líder, soberbio y pendenciero como lo exige el género, siempre protesta, con motivo, contra ese rótulo ya que su música mezcla diversos ritmos latinoamericanos –aunque también parodian cierto tecno yanqui. Sus letras son geniales, hiperbólicas y graciosas.
No me gusta nada
Los relatos políticos y sociales que se ven en la mayor parte de los noticieros y en los medios en general. Y cuando la literatura los reproduce sin problematizarlos. Aunque supongo que eso ya no sería literatura. Tampoco me gustan los discursos misóginos que no respetan campo popular, intelectual ni cultural y parecen atravesarlo todo.

En el blog de Pola están las muy interesantes "Margaritas" de Martín Kohan publicadas en el mismo número de LMDMV, en la que habla de algunas reacciones frente a la novela Las teorías salvajes.