Moria Productions

Mientras una menea caribeana ensayando para el carnaval siguiendo sus instintos más básicos y primitivs con esa vieja excusa de "es para trabajar", la otra produce, crea, investiga, arma archivo exhaustivo que incluye la previa a mi viaje que además incluye una disputa y un fiestín de despedida con los personajes entrópicos del año y la recepción heterodoxa de colombianos generosos, reyes de la propaganda; todo su post tan digno de mil claps y mi más palpitante en la venas admiración.

Caribeana Redención

El acoso de vendedores es constante y el constante (aunque en general amable) rechazo que les dipenso me hace sentir no una persona, maldita culpa, que no dispone de presupuesto para comprar, sino directamente una mala onda.
Hasta que ahora a la noche veo que, en las mesas de al lado, una pareja de chicos se compran el uno al otro un collar, justo los vendía ese vendedor al que le dije no gracias sin mirarlo y me lo hizo notar.
En la otra mesa, un matrimonio y una nena escuchan con atención y contentos a un cantante con su guitarra. El marido empieza a grabarlo con su camarita, travellingo circular con referencia del hombro y parte de la cara del músico, se ven su mujer y su hija que mueven sus cabecitas sonrientes (la pareja viste una remera que dice cartagena con enorme sombrero plateado estampado en la parte de adelante).
Al rato cae otro músico, más joven en esa misma mesa. Se queda tanto tiempo haciendo su show que termina sentándose en la silla libre mientras, para mi sorpresa canta una canción de Axel (no Axl). Y el marido sigue contento y con ganas de grabar y su familia, desde acá ya las veo, espero también.
(esas cosas que uno nunca haría)

aeropuertos, nene


antes de salir casi me desmayo del estrés y del cansancio. en lima llegué a mandar esa cosa para el trabajo, pero ya estaba embebida del soporífero y sano glamour de perfumes y lentes nuevos, infinit palermitanos en juro imperdible promoción y si no estaba lúcida para leer eso es un peligro al momento de comprar podría también decir con esta pinta de desgreñada pero con lentes nuevos.
empiezo el año y puedo decir cosas medio impresentables porque me considero inimputable porque porque porque, tengo motivos pero. Igual este es un blog de libros y muppets y ponnys, cosas buena onda y personas especiales; don´t forgget, chico.
De Lima a Bogotá viajé con un grupo de colombianos, les corté, agreta, cualquier intento de charla poruqe quería dormir.
Después sin que se los pida me prestaron lapiceras para completar unos papeles en el aeropuerto, al rato en el colectivito que te lleva de una avión a otro dos se pararon cuando me vieron subir para darme el asiento. Me parecieron muy amables.
¿serán machistas?
Cuando llegue a Barranquilla tengo que averiguar en qué me voy a Cartagena; AEZ me sugirió tren, todavía no se dónde voy a parar, recién recibo un mail de uno de los compañeros del taller recomendandome lo más barato que había podido averiguar hasta ahora; ¡genial!
Cuando deambulaba medio dormida y con pinta de desorientada total una chica que viajaba con su hija (mochila de mano de Barbie) me empieza a hablar en inglés para decirme adonde tengo que ir. Le contesto en castellano y me dice que tengo pinta de gringa; es colombiana y también muy amable, me cuenta que se casó con un uruguayo así que dice que entiende Argentina.
Tengo dos libros en la mochila; todavía no los pude abrir. Son las 8. 49 en Buenos Aires. Acá son las seis menos diez y tengo frío. Pero cené dos veces. Una en cada avión.

Un cariñito veraniego para Mujeres de Dios

Por María Sonia Cristoff para ADN Cultura. (un interesante de veras artículo sobre la crónica)

"Como efecto de ese resurgimiento, en el panorama de la crónica en la Argentina hoy encontramos fenómenos diversos: desde productos oportunistas a los que cuesta llamar textos hasta la bienvenida comprobación de que las nuevas generaciones retoman el género con títulos entre los que se destacan La ruta del beso de Julián Gorodischer, Mujeres de Dios de Sonia Budassi, Fantasmas de Malvinas de Federico Lorenz, La vida de una vaca de Juan Pablo Meneses y La piel de la Boca de Jordi Carrión; pasando por los malentendidos que señala María Moreno: (...)

Puesta

en escena, vía 1000 palabras.
(también gracias a PZ por este comentario)

"relámpagos de sentido"

Vía el blog de Editorial Entropía, accedimos a esta reseña sobre Los domingos son para dormir publicada en la revista Inrockuptibles de enero (también hay una entrevista a Bruzzone, gracias a Matías Capelli), gracias en general.

Por Mauro Libertella.

Los domingos son para dormir podría ser una cifra de todo aquello a lo que el mercado editorial contemporáneo le tiene miedo: un primer libro, y encima de cuentos. Como si en esa fórmula se resumiera no sólo un lugar en las librerías, sino también una idea del espacio literario: la escritura que viene de los márgenes y hace temblar a un centro masculino, novelístico, de prosa dura. Ése es el efecto más inmediato de estos diez cuentos: relámpagos de sentido que desestabilizan, que apuestan al exceso como una forma de poner en evidencia algunos clichés de la literatura y de las formas expresivas más fosilizadas.

Podríamos jugar un juego infinito que consistiría en armar series secretas entre los cuentos, como si acercando "Todo lo de anoche" a "Tu vida sin mí", por ejemplo, pudiéramos rearmar el arco completo de un ciclo biológico en sólo diez páginas. El juego es inútil, por supuesto. Cada relato estalla en metástasis y contamina todo el libro, pero también cada cuento es autónomo y sólo se puede leer como un universo cerrado y de límites precisos. "Acto de fe", que abre el libro, no tiene nada que ver con el largo relato final, "Fuera de temporada", pero también se puede leer como su reverso alucinado, su lado B –lo universal frente a lo local, lo solitario frente a lo grupal. En "Acto de fe", tal vez, se resume todo: el viaje, la prosodia beatnik para tiempos modernos, la confianza en los efectos de un estribillo, la escritura que puede ser todo estilo y que sin embargo toca bien de cerca lo real.

Probablemente sea muy pronto para proyectar una filiación y sentenciar que Sonia Budassi pertenece a tal o cual tradición de la literatura argentina. Llegarán además nuevos libros, que se encargarán prolijamente de desdecir estas líneas y que quizás profundicen en esa idea de la literatura como un juego y un ejercicio de auto transformación, como un lugar para decirlo todo sin solemnidad y muy lejos de la afectación.


“Philip-Lorca diCorcia´s Head series was made by placing flash lightning on construction scaffolding above a busy New York street, out of sight of the passers-by below. The movements of pedestrians activated the flash, at wich moment di Corcia photographed the iluminated stranger with a lon-lens camera. The resulting images show people who do not know that they are being photographed and so do not compose themselves for their ‘portraits’”

enero en buenos aires III

No tomes esto como un coment, pero recién me di cuenta de que interpreté el titulo del post -incluía la palabra "puntazo"- como "herida punzante" o "puñalada" y no como "gran punto", o algo que "suma puntos", un "punto gigante", ni nada asociado a la obtención de "puntaje".
Es un enero complicado y a veces creo que el blog ya fue.

(no suelo dejar coments, casi casi nunca. el que deja coments, igual, recibe coments. hay gente que vive para comentar porque le gusta y otra para que le dejen coments, ay)

querida L.

realmente resultaron lindos los dibujos de tu amiga; la libreta ¿libro, plaquet, objeto? que me regalaste en su relajada presentación sin declaraciones públicas ni escritores egomaníacos ni de ningún tipo. (se los mostré a mi hermano, terminamos cenando en un restó pero delicioso, el me dijo algo de un artista bahiense, crítico, gestor cultural y editor, le gustaron, creo que algo de las líneas, de la tapa con flores le recordaban a otro algo que hizo él).
Cuando volví a casa después de abrir para minimizar el word, los dibujos* me sirvieron para el espontáneo restyling que me da actividad física y descanso visual en un sólo sano proceso cuando levanto los ojos del libro o de la compu, incluso de la ventana: corté algunas de las hojas y ahora están desparramadas pero sujetas, con chinches de colores, a lo largo de la casa fuera de su objeto, su libro, su plaquet, no voy a ponerme a teorizar sobre "el arte" ahora ni a improvisar metáforas más generales; tampoco comparar y escribir un "como", pero quedan lindas. Estoy a punto de copiarte algunas cosas que escribí en el cuaderno sobre ese libro que me prestaste pero una vez más, me privaré, voy a ver si maximizo el word y (...).

Gracias por el regalo y perdón que me fui tan cenicienta de la presentación. La visita de más temprano a la disquería y librería con su show de vendedores de discos haciendo chistes malos fue muy interpelante (sabés que soy una aficionada del género) y el vendedor de libros tan serio, como en un básico guión de dúos de policías mezclado con series yanquis urbanas. No se cual citarte bien, pero entendés (le pregunté un precio y me señaló con razón que primero hay que saludar, no se si te diste cuenta, los otros, en cambio, se reían como adolescentes básicos sin serlo); me pregunto si no tendrá algo que ver con la forma de asumirse a sí mismo y ciertos rituales, más bien, la tradición, de cada producto cultural. Es un poco cliché o no sé, no puede ser que la realidad sea tan obvia en algunas cosas, no? Te admito que en general puede ser mi mirada, pero vos estuviste ahí y viste... "No soy yo, es la realidad" (cuac).

¡¡Igual la próxima acordate de decir que sos amiga de la otra vendedora antes de que yo pague!! ¿Habrá sido un quedar bien a bajo costo o habrá que creerle que si hubiera sabido entonces ofertón? Yo le creo, así que por lo menos ya sabemos que la próxima ese vendedor tan culto nos va a hacer descuento como nos hubiera hecho hoy de haber tenido la información necesaria.
No todos hacemos lo correcto cuando tenemos la información necesaria pero está la ilusión que de tenerla actuaríamos genial.
(...)
besos



*de Florencia Frias.

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Los domingos son para dormir por Félix Bruzzone

VÍA Editorial Entropía

Este año a Sonia le regalé dos plantas. Una chiquita, en preciosa maceta, y otra más grande, un árbol en realidad, un Paraíso, en un horrible balde agujereado a golpes de destornillador, para que el agua drene.

Ahora leo su libro, y resulta que en la lectura también encuentro una especie de árbol. O una figura arborescente, si se quiere. Y no es paranoia ni conspirativismo ni ánimo de ver en todas partes árboles: es la realidad de cada uno de los párrafos: frases ramificadas, personajes y situaciones y detalles, miles de detalles, que viven ahí como arborícolas. No sé si alguien de los acá presentes alguna vez leyó ese libro de Graciela Montes que se llama “Y el árbol siguió creciendo…” Es una novela para niños, muy imaginativa, en la que un árbol empieza a crecer en medio de la Nueve de Julio, y que con el correr del tiempo no sólo se convierte en una atracción para periodistas y comunidad toda sino que empieza a ser vivienda de muchos. El conflicto surge cuando alguien pide la remoción del árbol y todos sus habitantes. La resolución no viene al caso, pero la imagen a mí me quedó, una de las primeras grandes imágenes que me dejó el haber leído algo. Después, árbol y lector crecieron, y los árboles, en general, todos los árboles, se volvieron para mí las formas más raras y expresivas. Este libro de Sonia, claramente, participa de esa arborescencia compleja, inclasificable, llena de flores hermosas, frutos verdes, maduros, podridos, pestes, animales de todo el orden zoológico, zonas húmedas y secas, luz directa, reflejada en el verde del follaje, refractada por las gotas de la lluvia o la humedad matinal, cantidad de olores, rugosidades, músicas.

Con la música hago un aparte.

A los cuentos de Sonia, antes que nada, los escuché. Los escuché leídos por alguien, quiero decir, en voz alta. El ritmo era raro, como ondulante o deshilachado. Música aleatoria en hilachas que en conjunto armaban como un plano ondulado. Así que para mí estos cuentos fueron, antes que nada, una sonoridad. Por eso me interesa el sonido de los cuentos de Sonia. No el ritmo, o la melodía, o la entonación, que serían las partes de ese sonido y que quedan para los expertos, sino todo el sonido, completo, dando una idea de algo, como por ejemplo la composición de una histeria. Lean la quíntuple negación de la segunda oración de “Fuera de temporada” y van a saber de qué hablo. Quíntuple negación, qué abuso, que falta de “menos es más”. Pero no, es sonido, y el sonido significa mucho, y es interesante, porque en todo el libro las referencias a la música, lo que podría entenderse por “banda sonora del libro”, son pocas, y yo creo que eso es porque los relatos suenan por sí mismos.

Volviendo al árbol, el libro también es el árbol de las genealogías, que no son siempre las de una o dos chicas que vienen del interior a estudiar en la capital, como en “Roomates”, o que están de viaje por el gran país, como en “Fuera de temporada”, dos de los cuentos del libro. Hay genealogías rotas por el destino, como en “Seis menos dos”, y por la voluntad, como en “La verdad del Lena”. Y cruces que dan cuenta de las capas o niveles posibles del gran árbol. En “Seis menos dos”, por ejemplo, a la vez que espera la noticia de la muerte de sus padres, la niña que quedará huérfana ve cómo sus hermanos ayudan, sin mucho éxito, a parir a una vaca. En “La verdad del Lena” la oportunidad de comenzar una vida nueva en la Patagonia es dada por el hundimiento de un submarino. Y una imagen, hacia el final de “Roomates”, nos sugiere que no hace falta vivir en ningún árbol para sentir la inestabilidad de cualquier superficie: “En el suelo, las cucarachas y sus patitas peludas, inquieto círculo agitado que arrastra telarañas, hilos débiles que se enredan debajo de mí.”

Con los árboles se podría seguir. A mí, por ejemplo, me sirvieron para entender esos puntos que Sonia pone en la mitad de la oración, después de un “de” o después de un “que”. Ramas rotas, pienso yo, desvíos. En todos los árboles hay de eso, y eso habla también de capas de tiempo, recuerdos marcados. Igual que en los cuentos, donde una misma frase puede contener lo actual, el recuerdo y algún recuerdo dentro de ese recuerdo, como en capas. Y cuando las frases son así es porque en algún lugar hay o hubo viento, inclemencia climática, vida real, en definitiva.

Cuando a Sonia le regalé la planta fue para su cumpleaños. Un regalo delicado, precioso, para una chica. Cuando le regalé el árbol no, era para una estratagema de ella con su vecina, que le impedía el uso de la terraza y entonces a Sonia se le ocurrió lo de meter la excusa de necesito la terraza para mi árbol, que no tenía y que entonces le dí.

Así que las cosas, ahora, con relación al libro de cuentos para mí serían así: primero viene la planta, pequeña, débil, tallo y pocas hojas que hay que cuidar muy bien porque enseguida pueden morir. Eso es la niñez evocada, la nostalgia de la niñez; y luego, el árbol, el impulso barroco de la vida en la ciudad. Ese es el tránsito. Y la vida en los árboles, que son también la intemperie, la sofocación de lo múltiple, de las dispersiones acumulativas, o más que acumulativas, superpuestas, entrelazadas, y en el centro la melancolía, o el deseo del abandono de todo, mito de eterno retorno en cada círculo de cada tronco, cada año, cada mes, cada semana, y en la idea de semana, el domingo, que es el inicio y el final, según el lente, pero en todo caso el descanso, el sueño. ¿Con qué sueñan los personajes de este libro? Aparentan, se cargan de cosas. “no sólo hay que ser buena, también hay que parecerlo” dice la narradora de “Las cosas que brillan a mi alrededor” repitiendo a su padre. Pero qué sueñan, eh, qué. No se sabe. O no sueñan. Porque los domingos, lo dice el título, son para dormir.

bicis, volados, perros, caballos

Viajo en un combi semidormida, promiscuidad en la respiración, viendo los restos gloriosos de una época que no hay, shoppings selectos al borde de la ruta, verdulerías secas hasta un campito de soja: hay que bajarse acá.
Mi amiga me regala un vestido hermoso, Laura Ingals con Saraha Kay.
En bicicletas duras y viejas entre árboles, perros, piedras enormes, cruzamos la ruta y llegamos al ciber.
No me molestan los bichos. Nunca me preocuparon demasiado. El centro de la adaptación, lo antinatural se enrieda en los rayos de la bici y los volados de vestidos de manera diferente para cada quién.
A ella le molestan los bichos y los perros; pero en ese sentido hay verdad: en la quinta hay un caniche toy.
Y yo la salvajita, al final, termino maldicioendo por no haber traido la compu y ni me olvido todavía las cuentas sin pagar. Sin embargo: leo. Placer.
Postales del verano adolescente, risas o verguenza: Sobre el pasto, una chica lee el horoscopo chino en voz alta. Soy caballo. Salvajita (y un montón de cosas más).
Una prosa insoportable habla del año anterior y dice Tsunami. - grandes cambios- el que viene, dice, será mejor.
Ahora mi amiga en la compu de al lado lee los mails que su novio le manda desde un lejano país. Cada tanto lee una frase en voz alta.
**
Yo recibo un mail de otra amiga:
subject:soñé anoche

que vos y pato estaban enamorados. El te idolatraba y vos usabas pantalones de jean ajustados. acabo de despertar.
**
No se quien es pato. Siempre me gustaron los relatos de los sueños y soñar y contar.

enero en buenos aires II


"¡En estío tenemos las vacaciones, el polvo y el calor, el calor, el polvo y las vacaciones! Nos es penoso permanecer en la ciudad. Todos nuestros amigos han marchado ... Así es que, para distraerme, durante este tiempo me he puesto a leer los manuscritos apilados en la sala de redacción. Pero no me he resignado a esta lectura más que en un segundo lugar; al principio he pasado el tiempo gimiendo, pensando en la necesidad que tenía de aire puro, de libertad temporal, en mi disgusto al encontrar las calles hostiles, llenas de no sé qué arena semejante a la tierra arcillosa pulverizada. ¡Y por eso la he tomado con las calles! ¿No es un alivio, cuando uno está de mal humor, encontrar alguien o algo culpable?"

"El cuentista está subvalorado"

Entrevista a Naty Menstrual publicada en Cultura de Perfil.

Naty Menstrual hace tiempo que publica sus notas periodísticas y literarias en diversos medios gráficos y en la web. Recientemente sus relatos, con la supervisión de María Moreno, fueron reunidos y publicados por la editorial Eterna Cadencia en Continuadísimo. La escritora habla, en esta entrevista, de los personajes que la inspiraron en la infancia, de la escritura como un impulso vital y afirma que hay autores que no consideran que se pueda ser escritor sin antes haber escrito una novela.

Sonia Budassi
"María Moreno, Lila Ferreira, Ariel Schettini, Daniel Mordzinski... Me estoy codeando sin querer con gente grosa, que yo no tenía ni idea de que era grosa, que me lee y lo disfruta; para ellos soy Naty; con mis vecinos también es así. No soy la travesti que escribe. El que se quiere quedar con eso problema de él", dice Naty Menstrual, autora del libro de relatos Continuadísimo, y agrega "Igual no tiene por qué gustarle a todo el mundo mi estilo literario. A mi familia, por ejemplo, no le gusta". La aparición del libro, por más que su autora quiera alejar algún prejucio en potencia, no parece haber sorprendido a nadie: la escritora hace rato que tiene presencia en el campo cultural. A sus performances en el bar La Cubana, se sumó, hace unos años, la aparición de sus textos en la revista digital El interpretador, en el Suplemento Las 12 y luego en Soy de Página 12, y en El Teje, publicación del Centro Cultural Ricardo Rojas. También tiene blog, aunque ella desestima un poco el poder de esa plataforma. "Yo no escribía para el blog, escribía los cuentos y punto. Al blog lo descubrí como archivador. No fue mi búsqueda tenerlo para que se conozca mi producción". Para ella la publicación, en el formato que sea, es sólo el efecto secundario de otro imperativo. "Siempre escribí, esa es mi sensación. De chica, como una necesidad de escribir lo que no podía decir", cuenta y reformula esas declaraciones de Ciorán en las que el filósofo admitía que le interesaba el estado de ánimo de quien escribía, la necesidad de liberarse de algo, lo que está escrito con verdadera pasión. Los personajes de Continuadísimo transitan entre la ansiedad sexual, sentimientos desbocados, angustias y estados de euforia por momentos hiperbólicos, por otros, fantásticos. De allí nace, más que de los posibles guiños autobiográficos, un efecto de lectura análogo. Imposible imaginar un lector indiferente ante esas historias que van de lo cómico a lo patético y lo trágico. Los relatos de Menstrual revisitan aquellos códigos que supo reflejar Pedro Lemebel: la "loca" que toma prestado el glamour de un divismo importado que convive con miserias cotidianas, tercermundistas; la marginación, la pobreza y, desde luego, la humillación que choca con el orgullo reivindicativo de lo distinto. Con un lenguaje quizá menos barroco que el del chileno, pero con el mismo impudor que hace de la descripción del escenario amoroso la clave para concebir una lujuria nunca gratuita y una piedad no siempre ingenua, se perciben influencias prematuras que aportan las líneas en las que su ficción cobra densidad: "Me quedaba al lado de mi abuela fascinada por las películas de Zully Moreno, las escaleras, los peinados banana, las carteras chiquitas. Era una naturaleza maricona mía". Su literatura incluye a una Sissy Lobato porteña y una Sabrina Duncan que "tenía un apellido a la hora de la guerra" en honor a "la más buena de los Ángeles de Charlie. Desabrida como si fuera una devota evangelista". "Está bien que estemos colonizados, pero de ahí a querer transformarte en Barbie Cristal y querer a un Ken como novio es otra cosa. Mis personajes son bien de acá" dice. Se resiste –todavía- a reconocer que ha leído ciertas obras. Luego de repreguntar, e indagar por sus lecturas adolescentes, asume, por fin, su admiración por los personajes "universales" de Roberto Arlt, y su lectura de Lemebel. Pero un momento antes, cuando casi todas las referencias literarias eran negadas, se le preguntó si leía, de chica, a Corín Tellado. "Sí, porque mi abuela tenía miles. Me pasaba horas leyendo. Se perfectamente desde hace mucho tiempo quién es Corin Tellado o Daniel Steel. Pero Corín Tellado me llamaba la atención porque básicamente -ahora lo entiendo- creo que disfrutaba sentirme ella. En su obra había un ‘ella’ y un ‘él’. Y más allá de la valoración literaria, disfrutaba ese libro como si fuera mi vida. Si él era rico, ella era pobre y visceversa, si los padres de ella estaban a favor de la pareja, los de él se oponían. Seguro, en un momento, el padre de ella lo odiaba a él porque había sido en su juventud amante de la madre y nadie lo sabía. Estratégicamente la trama era maravillosa aunque era una fórmula repetida. También la descripción de los vestuarios, "su traje de verano hasta la rodilla de color rosa pálido..."
-Tus cuentos, por el lunfardo, por esos abandonos traumáticos, tienen mucho de tangueros. Incluso expresiones como "a troche y moche, a rajatabla"
-Uno de los instrumentos que me parece el ideal para recitar es el bandoneón. Hay mucho de tango, sí. Mi escritura no fue un proyecto pensado y al releerlo pienso qué dolida debo haber estado para escribir esas cosas.
Naty se despide con una sentencia: "El cuentista está subvalorado. Es como el no –novelista. Esas diferencias que hace la gente tiene implícito eso de "yo soy escritor, vos no." A mí no me interesan los géneros, me interesa que tu novela o tu cuentito o tu columna me interese. Podés ser un novelista malo, y un buen cuentista y a la inversa. No es que la novela te garantice algo. Pero hay gente que dice, ‘el que no escribió una novela en su vida no es escritor’.
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A partir de aquí, partes en bruto de la desgrabación; todo muy desprolijo.
La gente necesita comparar, el otro día un periodista de la capital lo mismo. Es la vida, las cosas se repiten.
Es como que la mayoría de las comparaciones con putos, sí. Porque el sentir puto es universal. Cuando fui a Costa de sol, fuimos a una disco gay, que seguimos a dos putos para ver dónde quedaba. Entramos y yo pense: Un boliviano tiene su identidad, al argentino por más que reniegue, algo le ves, al chileno, no sé. Pero al puto no. Un puto francés, un chino, un chileno, es universal. Tiene una identidad universal, y adora a Madonna acá y en la China. Vos los ves con su remera que dice Versacce con letras plateadas, haciendo sus mismos chistes de putos acá y en la China. A mi María que para mi es un gurú, me aconsejó sutilmente si no había pensado en escribir una novela. Le dije que no. Pero después me quede pensando. Porque las novelas son premiadas, las novelas son mejor publicadas...bien. Y la funcion terapeutica, le dije, ¿novela?¿sobre qué? Para mí novela es Corín Tellado, García Marquez, principio, nudo y descenlace, interrelación de conflictos con distintos personajes. A mí no me viene eso en la cabeza, me viene un cuento. Leo libros de cuentos. Porque aparte el cuentista está subvalorado. Es como el no –novelista. Qué es muy dificil leer una novela en público...para mi una novela es un cuento alargado. Esas diferencias pelotudas que hace la gente incluye eso de "yo soy escritor, vos no." A mi no me interesan los géneros, me interesa que tu novela, o tu cuentito o tu columna me interese. Podés ser un novelista malo, y un buen cuentista y a la inversa. No es que la novela es la novela, que te garantiza algo. Pero hay gente que dice, el que no escribió una novela en su vida no es escritor.
Pero cuando eras chica, ¿no leías Corin tellado?
Sí, porque mi abuela tenía miles. Me pasaba horas, cuando estaba de viaje a mar del plata leía todo el tiempo, leí cientos. Se perfectamente desde hace mucho tiempo quién es Corin Tellado, quién es Sidney Sheldom, o Daniel Steel.

Ahora de grande me estoy dando cuenta de donde vienen tantas cosas. Mis abuelos tuvieron mucho que ver. Los abuelos seguramente fueron padres no muy amables con sus hijos, pero sí lo fueron con sus nietos. Entonces, tuve abuelos geniales. Mi mamá trabajo toda la vida y pase mucho tiempo con ellos. Era una casa chica, normal pero teniamos acceso a una escalera que daba a un patio, con amapola, con un árbol de laurel que usábamos para la comida, un cedron y plantas raras. Mi abuelo y mi abuela hacía las pastas caseras
Me ponían a upa y me contaban cuentos. Los juegos, todo eso tuvo que ver con la cuestión creativa. Y Sobre la novela que decia Maria, le dije, ¿si yo escribo una novela que sea la vida de un puto, sería una novela? Me dijo que sí. Si escribo una novela de cómo crece un puto solo con su secreto y sufre y después se hace puto y se rebela y después tardíamente se hace travesti? Me dijo María Moreno que la escriba. Sería un trabajo interno real, para hacer una ficción. Esa es una idea que me parecía intersante. El primer capítulo se titularía "La pobre soledad del niño puto". Quizá el libro se llame así también. Porque el niño puto vive en una soledad tan terrible que nadie es capaz de entender, porque vos sentís que no merecés vivir, porque sos algo que nadie quiere que seas, entonces no le decís nada a nadie. A menos que sea tan obvio que lo único que te quede en la vida sea chocarte como una bestia contra todo porque están todo el día midiendolo. La típica mariquita del barrio.
Yo me encontré con mi vida. La gente quiere que lo que ponés en los cuentos sean tu vida, hy un morbo. Y no es así. Aunque algunos berretines de los personajes son míos, pero no es autobiográfico.

Cuando era chica me encerraba en el galpón del fondo de mi casa bajo llave. Mirá hasta qué punto sabía siendo tan chica que habia cosas que no podía mostrar. Había una mesa, de esas con fórmica, abajo había guardadas unas revistas viejas tipo Anteojito, yo las cortaba, y los personajes cobraban vida y armaba historias, novelas, los hacía hablar, y yo me ponía de novia, y me besaban los hombres. Cuando salía del colegio dialogaba como él y como yo, en una relacion amorosa que no se iba a dar. Es horrible eso. El puto tiene una infancia en general muy solo, con miedo de ser descubierto, de algo pecaminoso y castigado. Y los que me tratan bien, me sirve. Lo demás me chupa la pija.
La primera vez que me puse tacos en la discoteca sentí una electricidad desde los pies a la cabeza. Esto es lo que soy. Yo fui de tapado a puto careta, a puto bardo, a travesti.
"Publicar un libro está bueno pero no me cambia la vida, tengo que ir a la feria de todas maneras.
La literatura, como cualquier rama del arte sirve para modificar la realidad; para educar o hacerle creer a alguien lo que vos querés que crean. El genio publicitario del nazismo pudo haber usado ese talento para otra cosa. Sirve para manipular. También existe León Gieco y Palito Ortega, obvio; Marta Linch y Bukowski.

Mujeres de Dios en La Voz del Interior


año nuevo, lobo amigo

Un perro lobo asustado que viene a refugiarse a tu casa, se esconde debajo de todo y al rato se deja acariciar, te sigue si lo llamás perri perri cuando lo hacés de protectora de animales sin sociedad cuac para salvarlo del animal residente que es un perro grandote que se llama jercoff y es de pelo corti y parece muy civilizado y no peludo como el intruso pero es un "desorejado"; te sigue el lobo desde abajo de la mesa hasta atrás del mueble del televisor al patio lleno de viento frío o sea que viene y se hace amigo tuyo para que lo acompañes por la vereda hasta que encontremos de nuevo su hogar. En la esquina se da vuelta y viene a despedirse, agachada de cabeza y pata: es buena señal.

Los domingos son para dormir por Patricio Erb

"Los domingos no son cartesianas"
Por Patricio Erb. Vía
“¿Qué cuento te gustó más?” Sin lugar a dudas esta era una del 99% de las preguntas periodísticas que conocen de antemano su respuesta. “No sé”, me dijo la autora de “Los domingos son para dormir” (Editorial Entropía), que de inmediato amplió su contestación contándome los cuentos preferidos de otros. “Los domingos son para dormir”, de Sonia Budassi, invita, del primero al último de sus relatos, a mirar una pantalla de 1000 pulgadas de ideas que buscan desesperadamente un pedazo de carne. “Acto de Fe”, “Seis menos dos”, “Fuera de temporada”, estuvieron entre los mencionados por Budassi (que otros le dijeron), como las narraciones que más gustaron. Tal vez estos tres cuentos pueden pensarse como el paso de la racionalización cartesiana más brutal a la materialidad del dolor (sea de felicidad o de tristeza).“Acto de Fe”, con mirada femenina, hace recordar a "Memorias del Subsuelo", de Dostoievski. La protagonista, sola en el extranjero edifica sus relaciones (lo maravilloso, lo más o menos, lo terrible) de forma imaginaria. Incapacitada de gritar... de decir, la actriz principal del cuento mantiene vínculos ficcionales con los que la rodean. Pese a todo, allí deviene lo concreto: la muerte, como una irrupción en la vida intelectual, inmóvil, de ella, que sabe pero no puede. Imaginando una línea progresiva hacia la tangibilidad, el cuento “Seis menos dos” podría funcionar como un puente entre lo intelectivo y lo material: la vida de una niña de campo que, dentro de su mundo enfant, vive junto a sus tres hermanos, en casi una misma escena, el nacimiento (fallido) de un ternero y la muerte de sus padres.Con respecto al primer cuento aquí mencionado, en “Seis menos dos” se observa un giro: la niña protagonista del cuento, dentro de su inocencia, es parte del barro del mundo; mira como sus hermanos (sin éxito) ayudan a parir a un ternero, siente dolor al clavarse una astilla y asume con naturalidad que no verá nunca más a papá y mamá. Finalmente “Fuera de temporada” es el punto de llegada de esta falsa progresión que elimina por completo al mundo de las ideas platónicas. Llegar a Pehuancó en diciembre significa abandonar el racionalismo cartesiano y entrar definitivamente al “conocimiento de sí” foucaultiano. No se trata de empezar a leer libros de autoayuda, sino de enfrentar físicamente los problemas que nos atormentan. Tres amigas en un balneario (nada chic) del sur de la provincia de Buenos Aires fuera de temporada, es la entrada concreta de “Los domingos son para dormir” a lo bello y a lo desagradable de la vida.

"pictures to prove"*

el blog más cool de la blogósfera made in Laurishkaia anda por todos lados como paparazzi de nivel literario siempre artístico a veces casi hermosamente chic.
En la única foto que tengo de la presentación me siento escoltada, como estuve, por un Bruzzone un Vanoli y, más allá, un editor SMD pero está mejor ver a los que rondan, dos o tres pasos después; una muestra de un par que fueron muchos más.



*El título es de un mail con una foto adjunta que amiga le sacó a amigo en risueña pose sebreli/perfil (guiño para semientendidos) leyendo Los domingos son para dormir.

(la confusión de los últimos días te pone al borde de la neurosis llana y manejable o de la frivolidad)

Los domingos son para dormir por Hernán Vanoli

(Leído por Hernán Vanoli en la presentación del libro. Vía El volquete)
"Todavía estoy tocado por el libro de Sonia. El desafío es que uno no puede alejarse de esos textos, y por eso cuesta tanto ponerlos en perspectiva, ordenarlos en la serie literaria, establecer sus filiaciones. Decir, por ejemplo, que Sonia es la cruza perversa entre algunas zonas de la obra de Manuel Puig y las herederas contemporáneas del realismo norteamericano, entre las que cuento a Lorrie Moore y en especial a A.M. Homes, herederas a su vez de la McCullers, de Dorothy Parker y de Flannery O’Connor. Los cuentos que conforman Los domingos son para dormir pueden ser ubicados en ese mapa. Pero se sabe que leerlos desde esos códigos, inscribirlos en las series imaginadas por los lectores cultos, series posibles entre tantas otras, es, también, domesticarlos. Como así también es domesticarlos exponer, al estilo Marianito Grondona, el diagrama de ejes y oposiciones que iba anotando en los márgenes del libro. Igual lo voy a hacer.La serie perro – gato – peluche, por ejemplo. Todos los cuentos tienen perros, gatos y peluches, peluches o juguetes, y este triple juego, esa línea, emerge en paralelo con otra línea que brilla y se oculta en los cuentos, un relampagueo envolvente, y se corresponde con el sistema de pérdidas y parentescos que se establecen entre lo que sería la naturaleza, la infancia y lo social. Son dos ejes que se potencian por acumulación: lo que se suma es ideología, la ideología que habita al lenguaje. El tercer eslabón de ambas líneas, el que se corresponde por un lado con los peluches y por otro con lo social, está arrebatado de ideología, y el libro es el despliegue de ese crescendo, y de los cruces rizomáticos que pueden llegar a producirse entre ambas líneas. Podría pensarse en un cuadro de doble entrada: el perro en correspondencia con la naturaleza en su fase mítica (lo natural en fraternidad, interrumpida por lo brutal); el gato como refracción de la infancia constituida por la cisma de los roles de género; y, finalmente, el peluche, o el pequeño pony, el pin y pon, como lo social atravesado por la imposible sutura de lo político (particularmente, la hipocresía, el código, o, como dice la contratapa del libro, el prejuicio como mecanismo semioculto del movimiento de las cosas). Ya está, lo tenemos ahí, el cuadrito de doble entrada para una clase de filosofía política, si se quiere. Oposiciones y relaciones que el libro desmonta y rearticula, complejizando, a través de una experiencia de lenguaje que muestra un virtuosismo poco usual. En algún momento, Walsh dijo que los buenos libros sirven para hacernos menos estúpidos, y en ese sentido, Los domingos son para dormir es un precioso instrumento de saber.Pero hay otras dos cosas que me gustaría resaltar del libro, y que tienen que ver con su densidad social. Son dos puntos cortitos, no se asusten, y mucho menos abstractos. Son los puntos que me interpelan. El primero es que Los domingos son para dormir podría ser pensado como la continuación low fi, micropolítica si se quiere, de la línea de los reventados en la tradición literaria nacional. Algo de Fogwill, algo del Turco Asís parece anidar ahí. Los cuentos parecen decir: no hace falta ser un gran traidor, no hace falta la picaresca ni la forja artliana para ser un reventado porque, a fin de cuentas, esa sensibilidad del reventado nos constituye a todos, forma parte de la identidad de nuestras urbes, particularmente de Buenos Aires. Las pequeñas reventadas del libro, ocultas en la selva urbana, viven y actúan bajo la sombra de ese infierno, con la novedad de que sus voces, al mismo tiempo, escenifican y desmontan la paleta de prejuicios de género que las coacciona y las constituye.
Este primer punto, lo que yo llamaría las reventaditas no con desprecio sino con admiración, porque si hay algo que el libro elude es el desprecio por sus personajes, se vincula con el tema del desarraigo, que vendría a ser el segundo punto. Las reventaditas viven en la frontera: son y no son del campo, son y no son de la ciudad. Justamente, el desarraigo hace que sean y no sean reventadas. La ciudad es un personaje más, la ciudad-selva opuesta al campo-infancia. El desarraigo, la migración a la gran ciudad desde las ciudades de provincia, ese proceso silencioso y silenciado desde principios de siglo en el país accede al régimen de la representación, con sus contradicciones. Ese sustrato social hoy policlasista, que tuvo un fuerte emergente en la reciente pugna entre el gobierno y los sectores agropecuarios, es procesado y analizado en el libro, sin concesiones. Reventaditas. El desarraigo habilita cierta transparencia en los procesos y las contradicciones políticas que configuran un ethos social, y otro de los méritos de Los Domingos es trabajar con los matices de esa experiencia. Por eso, y en nombre del reventadito que hay en mí, tengo que decirle gracias a Sonia por invitarme a decir estas palabras, y gracias a la Editorial Entropía por publicar este hermoso libro.

celebramos un libro, se vienen otros, soy Susana soñada

Todavía emocionada y contenta por todo lo lindo que pasó ayer (Vanoli y Bruzzone, la lucidez como forma de cariño; la bella Viole emocionada cuando nos viene a saludar) y fue tanta gente, pero gente linda y volver con la mochila con muchos libros, la resistencia de 10 kilos más y jazmines perfumosos en la mano y en el bolsillo de la mochi guardar lo que Lorena mi artista favorita me regala el color irreverente y glamoroso, la dulzura justa de los sugus confitados; porque antes mechi que me consuela y le pone garra y todo su conocimiento estético fem "chic lit" y dani me regala un pico dulce y después Mati una lata de cerveza y más tarde en la pizzería me dicen "vos no tenés que pagar -esta noche-" generosamente, antes Valeria Entrópica que vende libros y yo cuando agradezco de atolondrada un poco nerviosa contenta me olvido de nombrar a la otra mitad del cuarteto entrópico pero todo está bien, la celebración de un libro más con muchos amigos, Funes, Luis D Fernandez (mi filósofo hedonista favorito), Ale Caravario, Juan Terranova, Leo O y Ale Zina, Celia, Bren, Lio, Mr. Jota y Mr Hernaiz, la patota de Perfil que es una banda, la banda de escritores (el libro de Pandolfelli está agotado, para cuándo la reedición) y reseñistas y periodistas y músicos que andan por ahí como también pasean o charlan en las mesas esa gente "de otro lado" (Mercedes; Marcelo Ezquiaga y su chica divertida y linda y te cambio un disco por un libro) y suspendemos, solo por esta noche, la palabra operación, el cinismo y la crítica distancia; me gustaría recordar la máxima entusiasta de Jaramillo en la vereda que tenía que ver con "no nos olvidemos de que somos amigos cuando" y seguía, era algo así.
Y quiero hablar de cada uno y las cosas inteligentes -mucha intelectualidá hubo también- o bobas pero divertidas y cariñosas que se dijeron seguir pantalleando esa noche tan llena de gente y preciosidad ("quedemonos un rato más, la gente tiene buena onda", dijo un amigo)en Libario bar, pero qué fiaca tengo que ir a trabajar.
(...)
Me salva que ahora le robo algunas fotos a Pola mi Moria revelación de nuestra intrépida lucha a favor de la proliferación de los libros en las arenas de Mar del Plata, en los campos de la Pampa, en las calles de Buenos Aires, en los teatros, las revistas y en los cabarets. (qué revelador rrrrr)

Ella dice (y fue así mutuo, instantaneo, luminoso):

"Ayer noche, en la presentación del libro de Sonia Budassi, todos quedamos vaporosos después de oir las palabras de Vanoli, Bruzzone y el cuento que leyó Soña, yo corretée a felicitarla y entonces, entre la brisa del patiecito y las ondas biondas de Soña, nos miramos a los ojos y fue como despertarnos del Leteo; porque había un arquetipo platónico que nos unía, y Soña y yo nos conocíamos de toda la vida. A saber, de ésta:


En un maravilloso post, la preciosa Pola cuenta "todo lo de anoche" y las rutilantes peripecias de nuestra extensa carrera literaria.

(click para ampliar en esas simultaneas dedicatorias -ninguna había chusmeado la de la otra eh- pero era esperable, libro azul, libro rosa, uñas azules, uñas rojas; que bueno que ya tengo su libro para leer)

ojalá venga gente linda


"Editorial Entropía presenta el libro Los domingos son para dormir, de Sonia Budassi".

Félix Bruzzone y Hernán Vanoli dirán unas simpáticas palabras y brindaremos por todo lo bueno que pasó este año, por los amigos, por lo que quieran y por lo que vendrá.
El lunes 22 a las 20.30, en Libario Bar (Julián Álvarez 1315, entre Cabrera y Gorriti).

"La voz y el pueblo"

fotografa, talentosa y premiada

Lorena Fernández ganó el Primer Premio por su trabajo Cama, de la serie marido/luna de miel/arrastra mi corazón hacia la luz.


"una historia de amor montada sobre un empapelado con clima hogareño"
Para el segundo número de Esto no es una revista literaria me pidieron un texto que -cuánta culpa por los editores, siempre pacientes y generosos- hice a las corridas y salió poco inspirado. Pero como las excusas no se filman y estamos un poco melancolicos y masoquistas lo posteamos igual dejando en claro que el resto del contenido de la revista es mucho mejor.

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Prejuicios, etiquetas y generalizaciones, la prensa suele descubrir el libro del año todas las semanas. Sabemos que una publicacion con aspiraciones de circulación masiva necesita nutrirse del áspero goce de convertir su rutina en una determinación certera que, cuando la máquina editorial funciona, cambia el trabajo de discernimiento por el reposo activo del lugar común. La sentencia en forma de título nace a veces del prejuicio o la ignorancia más que de la lectura, el pensamiento o, mucho menos, el rigor. Decir, por ejemplo, que las “editoriales independientes” son interesantes de por sí es un fácil detonante, un botoncito generador de contenido tan bueno como puede serlo cualquier otra generalización.
La editorial 451, por ejemplo, es española y la distribución de sus libros en el país fue recibida, en ciertos espacios de la capital, con una efusividad refleja y muchas veces ingenua.

(Nos estamos salteando el problema, la eficaz pero frágil carátula del término independiente, utilizada con desatino muchas veces para equiparar un proyecto como puede ser VOX, con otro extranjero y bien distinto como el de Tusquets, Acantilado, Anagrama o la misma 451, autoproclamadas independientes pero con una diferencia abismal en cuanto a sus recursos y apuestas, entre otras varias diferencias. Largo etcétera.)

*Una novela de una festejada nueva editorial.
Entonces, el libro.
“Un cajón conservaba docenas de recortes dedicados a la Casa que repetían una y otra vez la manida y proverbial ‘escultura habitable’”, se lee en Casa, tercer libro del peruano Enrique Prochazka que, según anuncia la contratapa, fue nombrada “la mejor novela del año 2004” en su país. Los recortes son periodísticos: un personaje busca saber quién es, en principio, a partir de lo qué dicen de él y de su obra los diarios y las revistas. El detonante de la novela es un golpe, un hombre que cae y nota que ha perdido la memoria de los últimos quince años. Prochazka no elige un personaje simple, sino a un “genio loco”; Hal es un reconocido arquitecto, tan famoso como ermitaño, que ha construido su propia casa de una manera original y exótica. El lugar se intuye como un Frankestein posmoderno, mientras las primeras páginas prometen un descubrimiento detectivesco, de estilo inglés intelectual, en el que, más que pedir testimonios para reconstituir su identidad, el personaje busca con un énfasis que irá colmando cada página, leer los símbolos de su obra; los indicios que él mismo ha construido en su pasado.
Hasta acá, todo parece ir bien. Pero en seguida el autor elige despegarse del riesgo posible y tomar, en cambio, el camino de la pretensión intelectual, del despliegue de citas cultas y de ciertos clichés de la sofisticación y de lo que se supone complejo.

La redundacia como efecto de la estupidez
Enrique Prochazka toma el tópico del doble; cada vez que se refiere a sí mismo, Hal habla de un “Alguien”. “Apareció la mañana colorida, que hinchándose como una burbuja parecía huir del ciego y ya inútil alfabeto de mil toneladas que Alguien y su erróneo dios habían inventado”. También su hija adolescente funciona como espejo de su esposa muerta; lo sabemos porque suele reiterarlo en varios pasajes.
Mientras el personaje recorre la casa buscando esos raros efectos que él como arquitecto a diseñado, observa con distancia el movimiento de sus hijos y de un mayordomo atildado que por momentos recuerda al simpático e irónico personaje de Batman. Pero en busca de todos los recovecos, los juegos de ángulos y espectros ópticos que el diseño arquitectónico de su hogar le ofrece, Hal encuentra “el centro” y la novela da un vuelco. En ese reducto blanco y hermético, el personaje recuerda algunas cosas de su vida, pero también lee obras de antropología en las que se afirma, por ejemplo, que en ciertas tribus, ante la escacez poblacional, se concebía un sororato (es decir, una forma de incesto), “donde la hija, no la hermana, era la igual a la madre”. Ese subrayado, innecesario como todo subrayado, sobre la tensión erótica entre Hal y su hija no es el único.
Cada capítulo está precedido por citas a distintos autores. La frase de Levy Strauss sobre el incesto es tan obvia en esta novela como la de Borges: “¡Oh, dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir!”. A medida que se avanza, entre teorías del arte, antropológicas y filosóficas que no complejizan la experiencia literaria ni la cosmovisión del personaje sino que desarticulan y desinflan la intensidad narrativa, la novela se vuelve un cúmulo de pretensiosas abstracciones que diluyen el interés del comienzo. Laberintos, mitología griega, poemas que escribió el arquitecto -“se dispuso a leer con atención y pausadamente su propia obra maestra, sin perder de vista que ella era efecto no del talento, sino del horror moral e intelectual”-, el recuerdo de una confusa iniciación del protagonista junto a un indígena australiano al que llama “el Gran Hombre”, y diversas consideraciones teológicas que terminan por crear una novela de nula densidad, en la que se descubre, sin las vueltas que ya se le han dado desde lo paródico, la gran influencia, tardía, de Borges.

Literatura arcaica
¿Qué propone hoy una literatura que adopta a Borges desde la llana reescritura, desde el solemne homenaje? Es sabido que los best sellers tienen la sana intención de enseñarle cosas al lector sobre distintos tópicos, y que eso los vuelve interesantes agentes culturales. Pero no parece ser éste el objetivo del autor; por el contrario, concibe un arcaico proyecto literario, una literatura frívolamente “seria” y “profunda”. Prochazka parece querer hablar de cosas importantes, inteligentísimas y complicadas, que luzcan escritas con resaltador amarillo fluo.
No es una desviación del narrador si no parte de su estrategia, dejar de lado otros potenciales nudos narrativos, como por ejemplo el reencuentro de ese hombre con una familia a la que le no hablaba desde hace años, entre otros.
Enciclopédica y cosmopolita
La ambición de concebir una novela enciclopédica y cosmopolita es visible desde el vamos, a partir de los nombres de los personajes, “Hal” (alguien me dice que puede hacer referencia al crítico norteamericano Hal Foster), “Anna”, “Aleister”, “Señor Clarke”, todos de tono foráneo o que no suenan precisamente ni peruanos ni latinoamericanos, y también en las nulas referencias a una sociedad, lugar y tiempo determinados. Casa parece traslucir esa ideología de best seller literario de calidad –un estilo que tiene copyright en, precisamente, sellos “independientes” europeos-; de literatura “fina” de exportación, que se pretende para lectores “inteligentes” de cualquier parte del mundo. Pero en ese propósito Casa termina siendo algo ezquizofrénica: en este contexto, no puede extraerse de la redundancia otro efecto de lectura que no sea la subestimación del lector. Y al mismo tiempo, las numerosísimas referencias a artistas disímiles –desde Le Corbusier al escritor Sebald- parecen buscar engolosinar a ese lector con cierta idea de cultura para que se intuya compartida.
Esta combinación hace que Casa sea una obra difusa, que no termina de hablar ni del mundo, ni de la representación, ni de la filosofía, ni de sus propios personajes de manera convincente; y que termine sumando a una larga lista de libros falsamente inteligentes.
(Del libro Ruta 2 (Gog y Magog, preciosa editorial) de Fernanda Nicolini (preciosa autora); se puede comprar en muchos lugares (preciosos ellos también))

12.

dice que su hermano dice que buenos aires
comenta nuestro romance: palabra que nunca usamos
en cambio yo podría haber muerto en medio de un lago
volcanes ahí
el remo clavado en la nuca sin filo entonces la marca
del remo en la nuca bronceada


pasó: quién se llevó la plata de la revista quién sabe
otros se preguntan cómo contemplar el río y los yuyos que se mueven cuando
no hay trabajo y para qué
mi abuelo colgó una cruz en mi puerta: "viene
bendecida desde jerusalem y fue mía por treinta años"
adopto la religión de mi abuelo.

""Budassi por Sagasti"

"En la presentación bahiense de Los domingos son para dormir, Luis Sagasti expone una extraordinaria vivisección de la literatura de Sonia Budassi:

"Los incómodos cuentos de Sonia Budassi, cuyo sistema nervioso se funda en un formidable sentido del ritmo, niegan esa tríada constituyente de un modo de ser, de una identidad, de un lugar de pertenencia. Acaso sea en el domingo donde mejor se ve un país, una cultura. El resto de los días el trabajo globaliza, la búsqueda de la renta nos hace ciudadanos del mundo.

Los cuentos, como dije antes, dan testimonio de que estos tres pilares se han hecho añicos o se encuentran en vías de. A diferencia de la narrativa norteamericana que lo que muestra es apenas el indicio de un drama que se soslaya, la famosa teoría de la punta del iceberg que John Cheever y Raymond Carver elevaron a cotas casi insuperables, Sonia se interna por ese lugar en donde el iceberg se ha quebrado. No le interesa tanto qué es lo que subyace tras la eterna sonrisa Kolynos de la familia frente al televisor, sino los perfiles agrietados que el témpano ha dejado al desprenderse de la barrera de hielos.

Del mismo modo rehuye del costumbrismo o, si leemos bien, inaugura acaso un costumbrismo de las grietas. Veamos. No hay un andar por el borde, pese a que hay desplazamientos, deslizamientos sobre lo estipulado, lo socialmente convenido, los domingos; digamos que sus cuentos no bordean el filo sino que sencillamente se instalan en las grietas de una sociedad cuyos valores instituidos, el núcleo que fundamenta identidades, señala pertenencias, exige reconocimientos, se ha deshilachado. Sexo, familia, resguardo, intimidades, constituyen tópicos que uno a uno la autora deconstruye mediante un proceso de revisión acrítica, indolente, como al descuido, sabiendo antes que muchos, cuáles son los colores de los nuevos paisajes".

(Vía Entropía. Sigue acá)

mañana

Duetos.

Pablo Alí/Joaquín Linne.


Matías Capelli/Sonia Budassi.

No vale copiarse, pero quizá lo haga igual.


Existe el amor a las guillotinas














hay días que esta imagen así (vía)te emociona tanto como que alguien pueda comprar una guillotina o más bien que la novia de un chico arme para su cumpleaños una suerte de colecta en un lugar de un regalo entre sus amigos para que el cumpleañero compre ¡una guillotina!; el mundo te pega con una maravilla. Hay gente que ama hacer libros. Hay gente que se ama y escribe libros lindos como. Hay twiteros que te hacen creer en el amor pero en los libros a la vez como http://twitter.com/amorsincero y http://twitter.com/prettyprinting (qué raros algunos nombres en twitter fuera de contexto)
Nuevas tecnologías, web friendlys, libros lindos, qué hacer con el cinismo. Siempre podés decir que a esa chica linda poeta la conocías de antes, de "Existe el amor a los animales" por ejemplo, que el libro te lo regaló Violeta Revelación, otra chica linda pero Tamarisca y fue uno de los mejores regalos de cumpleaños y en apariencia hay algo que cierra bien.
Festiva lectora dosis permisiva de domingo en madrugada, sí.

"no estaba solo"

"Tan bien me fue con la preparación de la pizza que no podía creer que estuviera cocinando yo solo y ahí fue que me di cuenta: no estaba solo, tenía mis asistentes. Sonia y Nadia se pusieron el delantal y acudieron con generosa algarabía a mi llamado de soldados de la reina Rosa. Nos pusimos manos a la obra y parecía una orquesta; mientras amasaba con puño y letra, las chicas iban picando la carne, los morrones, el queso, la cebolla, preparando los pequeños bols, limpiando utensilios, sirviendo la picadita y tomándose, a escondidas del jefe cheff pizzero, unos traguitos de cervecita cada tanto."