reseñin pastillero en Llegás
un paraguas de varón
Me parecía de varón o sea horrible y evitaba usarlo cuanto podía; fracasaba la mayor parte del tiempo, cómo vas a convencer a alguien, a los 4 o 5 años de que es posible preferir la lluvia; lloraba humillada pero a escondidas o inventaba una excusa porque me daba culpa llorar porque mis hermanos no habían tenido nunca cosas con dibujitos y además yo sabía que había incluso chicos que no tenían para comer.
Un día me puse recontracontenta cuando abrí mi cama y vi la sorpresa de las sábanas con nenas de vestido largo y con volados, unas con un conejo, otras con sombrillas, juntando flores, eran hermosas como de Sara Kay. Me olvidé del Pato Donald, de la lluvia, de esos chicos que no tenían para comer.
Hoy esa sábana son servilletas viejas que reaparecen de vez en cuando si las nuevas están para lavar y casi nunca viene, cristiano y torturado, ese recuerdo del paraguas bajo la forma de deseo de querer tenerlo otra vez, de ser agradecida, de regalárselo a algún chico, de hacer de ese desprecio secreto un acto pequeño de justicia, un relato que sirva como una forma misteriosa, floreada, perfecta, casi invisible, de reparación.
"evitan cualquier guiño sostenido en efímeras modas literarias"
Mujeres de Dios en ADN de hoy, por Cecilia Macón
Opinión
Autor
Tema
Anís
Por Mariana DimópulosEntropía
176 páginas
$ 27
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Tema
Opinión
El que devora
Por Beatriz Schaefer PeñaVinciguerra
70 páginas
$ 22
Autor
Tema
Opinión
Nadie se muera
Por Fernando Sánchez SorondoGrupo Editorial Latinoamericano
64 páginas
$ 18
Autor
Tema
Opinión
hoy

Condición de las flores, de Mario Bellatin.
Sábado 15 a las 20:30 en La Boutique del libro - Thames 1762.
Presentación a cargo de Ariel Schettini y el autor.
circulacion simbólica de un libro
viernes
recién estrenado

todavía no cumplió una semana, pero llegó a tiempo a Bahía Blanca para la presentación -narrada aquí.
gracias a Valeria Castro, Gonzalo Castro, Juan Nadalini y Sebastián Martinez Daniel que supieron crear, editar y casi diría negociar y apurar al habilidoso encuadernador.
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Este libro de Sonia Budassi propone al lector un insólito ejercicio de voyeurismo: atisbar, por medio de testimonios de primera mano –a veces cándidos, a veces reticentes, siempre reveladores–, cómo viven, qué hacen y qué piensan las monjas de la Argentina en la actualidad. Sobre el tema puede especularse mucho pero se sabe muy poco, y no es el menor acierto de la autora contrastar explícitamente los rudimentarios estereotipos del imaginario colectivo –desde chistes verdes que ya conocía Bocaccio hasta delirantes productos televisivos como La extraña dama– con la experiencia concreta de la vida religiosa. "Estas crónicas –advierte Budassi– son apenas una pequeñísima muestra de la diversidad que hay detrás de las silenciosas mujeres invisibles, del estereotipo o del monstruo que imaginamos; un pequeño coro de contrastes, para escuchar a las que eligen, felices, algo distinto a lo que parece pedir, incentivar y sugerir la cultura de nuestra época".
Mujeres de Dios es en principio una serie de entrevistas a monjas pertenecientes a distintas congregaciones: una misionera que vivió en Colombia muy cerca de la guerrilla, una carmelita descalza enclaustrada en Constitución, la ex miembro de una orden cuyo fundador fue acusado de abuso sexual, religiosas posmodernas que escriben blogs y usan Facebook… Los testimonios son muy diversos y muestran que el fenómeno es complejo y refractario a las generalizaciones. Incluso dos monjas de la misma congregación y que de hecho trabajan en el mismo colegio responden a la convocatoria de la autora de maneras opuestas: cordial y verborrágica la más joven, parca y autoritaria la mayor. Todas, aun las más temerosas, aportan a su modo piezas de un rompecabezas que se sospecha insoluble desde el vamos: el de la vocación religiosa, de sus causas y sus consecuencias.

Decir de un libro de investigación que se lee como una novela es uno de los más socorridos lugares comunes de la crítica. Sin embargo, las monjas de estas crónicas son al mismo tiempo personajes novelescos, en el mejor sentido de la palabra. Esto se debe tanto a lo vívido de los testimonios –"Una risa –cuenta la hermana Francisca acerca de su experiencia junto a guerrilleros colombianos–, porque iban a rezar el rosario y después van a matar a todos. No es posible, nunca entendí eso"– como al buen ojo de la autora para captar y registrar detalles y gestos dramáticos: frases a medias, sonrisas nerviosas, silencios forzados. Como siempre ocurre en los buenos diálogos, lo que aquí se calla –y todas las entrevistas de este libro son de antemano callejones sin salida– no es menos relevante que lo que se dice.
Otro aspecto sobresaliente es el modo en que Budassi, cuya prosa suavemente irónica abunda en momentos felices –basta leer las páginas que dedica al espiritualista mediático Claudio María Domínguez–, imprime a los relatos una extraordinaria dinámica a través del uso de flashbacks, intercalaciones, digresiones y aun pequeñas infidencias autobiográficas: en el comienzo de un capítulo, y marcando así la distancia acaso insalvable que la separa de las mujeres con las que va a encontrarse, la autora lamenta que la hayan citado un sábado a la mañana. "Hubiera preferido otro día", confiesa con mundana pesadumbre. Este involucrarse de la cronista en el relato produce un atractivo contrapunto con sus entrevistadas, especialmente patético en el encuentro con la hermana Alicia, la monja de clausura que se comunica con el mundo exterior a través de rejas y que se ríe al recordar que de chica fantaseaba con casarse.
Lejos del encomio hagiográfico, Budassi sondea a las religiosas con evidente espíritu crítico y a veces con estupor, pero también con irreprochable respeto. Es de agradecer la certera discreción con que la autora aborda el tema de la sexualidad, por demás delicado en este contexto. Lo cierto es que para el lector curioso el libro no sólo resulta amenísimo sino que además contiene notables e imprevistas revelaciones. "Las monjas –se lee en la introducción– son un misterio construido muchas veces sobre la ignorancia y el rechazo, la idealización y el estereotipo". Mujeres de Dios investiga con lucidez ese misterio y lo vuelve más claro, más verdadero y, por eso mismo, más profundamente misterioso.

Por Juan Terranova
(Leído ayer en la presentación)
— No me interesa el tema —me dijo.
Estábamos parados en Avenida de Mayo y Lima.
— Prejuicios —respondí.
— Quizás —insistió ella.
— El libro es atractivo, de buena factura —seguí yo.
— Eso no lo dudo —terminó ella.
— Tiene un público —fue mi último intento.
— Eso no es tan relevante —cerró ella.
La periodista, buena lectora, me dio un beso y se metió en el subte.
Yo le comentaba que había salido el libro de Sonia Budassi, Mujeres de Dios. Un libro “sobre monjas”. Pero no. Las discusiones literarias nunca son ni tan escuetas, ni tan prolijas, ni tan cortantes. Estos es la síntesis. Antes, está el barro húmedo del lenguaje con varias preguntas: ¿Cuáles eran las dificultadas con las que se iba a encontrar? ¿Cómo narrar ese mundo? O mejor, ¿había allí un mundo para narrar? La conversación en la puerta del subte vale igual como ejemplo. Las mujeres modernas, infectadas de un feminismo mal entendido, de un anarco-marxismo liberal, tratando de descular todavía cómo hacer para gozar un poco más, no se interesan por las monjas. ¿Deberían hacerlo?
Mujeres de Dios era un libro muy difícil de escribir y se me hace difícil también escribir sobre él. Primero, porque el tema es esquivo y complejo y da para creer y sospechar al mismo tiempo. Segundo, porque el lúcido prólogo de María Moreno dice lo que hay que decir para vestirlo y presentarlo. ¿Quedo, como hombre, como heterosexual, como católico, en una posición secundaria?
Retomemos. En una sociedad atravesada por el deseo y el lívido, estas mujeres, monjas y religiosas, parecen imposibles personajes de un libro, o al menos, de un buen libro. Con los gronchos o los putos, por ejemplo, es más fácil. No digo que sea mucho más fácil, pero sí un poco. Porque son “el otro” clásico, el otro de la lucha de clases, y al mismo tiempo que son el otro, encarnan una fuerza libidinal, incluso mística, que muchas veces no es más que un reflejo distorsionado de las imposibilidades o fantasías de nuestros escritores y lectores indefectiblemente pequeño-burgueses. El marketing, la publicidad y la literatura han sabido sacar provecho, con diferentes resultados en calidad y cantidad, de esta épica de mirar en la sopa del pobre y ver contornos que nos sorprenden.
Con las monjas, sin embargo, la historia es diferente. El otro aparece opaco, mostrando la falta, la renuncia. Si hay pobreza, también hay riqueza. ¿Puede haber sensualidad en eso? Puede. Pero es una sensualidad distinta. La pregunta sigue acechando a nuestra imaginación siempre escasa. Hagámosla de una, sin dudar: ¿cómo es una vida sin un horizonte de sexo? Y más allá todavía: ¿cómo evitar la perplejidad ante la seguridad en la renuncia?
Me pregunto: La descripción de una felación, que puede ser mujer-hombre, pero también hombre-hombre, ¿resuena en el escándalo? Quizás, pero sabemos qué hacer con eso, sabemos dónde ubicarlo en la estantería personal de nuestro orden simbólico. El libro de Budassi plantea otros enigmas. Sin llegar a lo insondable, ¿no produce una rara incomodidad la frase (cito la voz de una de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús) “La virginidad es la continencia, que ofrece en voto, consagrada y reserva al Creador la integridad del alma y del cuerpo”? Las cosa se vuelven todavía más refractaría si le agregamos conceptos tan devaluados como “Dios” o “Piedad” y prácticas tan poco claras como “la Fe”.
¿Qué hay entonces adentro de Mujeres de Dios? En el libro de Budassi está la monja buena y la monja mala (parecidas al policía bueno y el policía malo). La buena va a decir: “Algo que tiene Jesús es que es un cabeza dura”. Y la mala le va a hacer preguntas todo el tiempo a la cronista: “¿Quién te manda? ¿Esto no lo va a supervisar nadie de la Iglesia?”.
Pero también está la monja que se va al encuentro de la guerrilla rural en Colombia, los efectos del Concilio Vaticano Segundo, una carmelita de clausura que confiesa haber tenido miedo de volverse loca, monjas que tienen blog y aparecen en facebook, el machismo de los Jesuitas y de las mismas consagradas, la entrevista con la piba que dejó los hábitos y cuenta su experiencia “en una congregación conflictiva” (Llega a decir: “La guita, el sexo, la violencia… ¡Faltaba la droga!”).
Y hay también, aparte de las historias, las personas y los personajes, una autoconsciencia del libro que es atractiva, que lo hace sólido. La cronista se cita con una informante en una pizzería de Pacífico y escribe: “Hay demasiado movimiento como para lograr una charla íntima, eso que alguien puede suponer que tiene que tener este libro: confesiones únicas, secretos guardados por años y hasta revelaciones escabrosas”.
Creo que el mundo es demasiado complejo para hacerlo pasar entero por nuestra subjetividad. Sabemos de la trampa de reducir todo a un esquema binario –que remite a la moral, lo bueno o lo malo– o a un sistema cartesiano –que remite a la amplia gama de las teorías sociales del siglo XIX.
Nos queda construir o descubrir nuevos lugares y personajes, examinar, dejarnos modificar por el mundo. Quizás el futuro nos depare, a nosotros, cronistas de hoy, el estilo de la denuncia o la marca del escándalo, mientras tanto nos entrenamos en la inteligencia solapada, en la sutil diferencia, en la trompeta brillante que suena con sordina. Termina un encuentro con una monja y Budassi escribe: “Me deja la impresión de una persona alegre, convencida y entusiasta; es raro pero suena auténtico”. Me gusta esa frase. Ni los cronistas ni los críticos literarios deberían perderla de vista: “Es raro, pero suena auténtico”.
Foucault dice en su Historia de la Sexualidad que, lejos del silencio o el tabú, sólo hablamos de sexo. ¿De qué hablan estas mujeres de Dios? O mejor, ¿cómo hablan? Esa es la pregunta que se hace Sonia Budassi. La precisión y el humor de sus epígrafes, títulos y subtítulos y la elegancia de su prosa se agradecen y confirman, contra todo pronóstico y todo prejuicio, que Mujeres de Dios es un libro que no hace otra cosa que revisar diferentes formas de la libertad.

Editorial Sudamericana invita a la presentación del libro de crónicas
MUJERES DE DIOS
de
Sonia Budassi
Lo presentarán Cristian Alarcón, Juan Terranova y la autora.
Martes 4 de noviembre - 19:30
Boutique del Libro - Thames 1762
cliping-reseñas
Sonia Budassi, nacida en Bahía Blanca en 1978, desembarca con este, su primer libro de crónicas, con un trabajo notable. Mujeres de Dios cuenta con un prólogo exquisito de María Moreno, en el que se anota que la autora “…conserva estratégicamente cierta escisión entre su prosa de cuentista, sus notas de periodismo cultural y su estilo de cronista”, y aplaude su carisma casi transferencial al momento de entregarnos este trabajo, que no se contenta con explotar los elementos que podrían dejarla en un mero efectismo –el tema lo permitiría, sin dudas- sino que se adentra con adultez en un universo que para la mayoría de nosotros, es desconocido. “Las monjas son un misterio construido muchas veces sobre la ignorancia y el rechazo; la idealización y el estereotipo”, introduce Budassi. El intento de la cronista se ejecuta con agudeza sobre la enorme tarea de desmitificar y echar luz con aquella, que parece pueril, intención de encontrar la verdad detrás de las formas. Pero nada de adolescente tiene este intento, sobre todo cuando al final del libro uno encuentra que lo logra, que la joven autora consigue abordar el asunto desde la palabra de las entrevistadas –dándoles su lugar exacto, tomando la distancia necesaria a veces, acercándose cautelosa y rapaz otras-, y haciendo de los testimonios, el elemento prioritario en esta construcción. La investigación se encamina por diferentes vías, congregaciones y experiencias que dan cuenta de la diversidad en la vivencia de la religiosidad de las mujeres que hoy, cada vez siendo menos, todavía conforman un “ejército” que la mayoría de las veces, dicen, es uno de “madrecitas felices”. Otras veces las respuestas evidencian lo opuesto, y los clichés se develan ciertos. Una imagen, apenas: un criadero de orquídeas, la belleza incontrastable de la flor, que de querer salir corriendo, sería detenida por sus raíces enterradas en el suelo.
Verdad Apache
"A quien corresponda: No está bueno derretirse en el lugar de trabajo, sobre todo si pretendemos hacer bien nuestra tarea. Como derretidos y descompuestos no le servimos a nadie, ¿se podrá ir habilitando el aire acondicionado o al menos un batallón de ventiladores para cada piso?
¡Gracias por la generosidad, será bien recompensada!"
***
"Me sumo al pedido de mi compañera. Entre la gente, las máquinas y las luces encendidas, el ambiente se torna irrespirable. Gracias."
tres preguntas tres
"Asi que se puede fumar acá". Estudio 3 con la hermana L. parte uno

Un rato antes le entro en confianza al maquillador preguntandole si trabaja mucho y esas cosas, le digo algo de mí en código yo también soy una laburante y hay un buen clik inmediato, me dice que ahí trabajaba la esposa de X dueño de un medio, mirada de microsegundos de complicidad y le digo "¿Y qué onda esa señora?", se que él espera esa pregunta y él "A vos no te voy a dar mucha vuelta. Era una tilinga de Barrio Norte In-so-por-ta-ble. El otro que vos conocés debe ser igual".
Hay que pasar al estudio. Yo te sigo, le digo a la monja que se mete detrás de un cortinado y todo está oscurísimo ruidosísimo, gritos y música en vivo, mucha percusión y estamos perdidas al segundo paso, es más que nada una sensación porque no es tan grande la cosa y desde el otro lado viene un grito esclarecedor: ¿¿¿¿¿¿¡DONDE ESTÁN LAS MONJAS????!.
Era para el otro lado, hay un escenario al costado super equipado, batería, bajos, guitarras, saxo, trompeta, teclados, micrófonos, una chica con peluca vaporosa y mechuda que canta a los gritos desconocida canción. Y dos tarimas de cada lado con un gran monitor detrás, está el hombre de traje que empieza a hablar en nombre de la defensa del consumidor y entonces basta de música.
Y en el medio una mesa larga con fanny en una punta, nosotras del otro lado, pero antes micrófonos bajo la ropa, y el productor que nos lleva, siéntense ahí, ahí vamos, y ¿trajiste un libros para mets?, traje, la monja me dice que está un poco nerviosa y yo también, pero la tranquilizo diciendo que me dijeron que acá cero sensacionalismo y me dice que con fanny todo bien pero que mets es que hace "preguntas más agudas" y al rato nos presentan, en vez de mi apellido soña busseti y me causa mucha gracia y empiezo a ver el otro lado, las cámaras hacia acá, productores acelerados en la oscuridad y un tipo con un cartel enorme que dice el nombre de la hermana y "periodista de la confar" en vez de "presidenta de la confar" y la hermana hace señas porque parece que ya no se puede gritar y por señas el chico se entiende con fanny y al cargo de ella fanny lo dice bien, pero al instante mets que está al lado mío y, que al contrario de la hermana me cae mejor, frente a un teclado de música bajo el nivel de la mesa dice vamos a visión siete, y enfrente todos agitados, vos que sos periodista debés entender dice fanny y enseguida como graciosa o pícara, le dice a la hermana "es que Cristina tiene un poco de acomodo en este canal".
(...)
hoy im-per-di-ble

update: una noche un poco ezquizo, porque media hora más tarde tenemos que estar acá para hacerle el aguante a Bruzzone!
un tipo que sabe me cuenta por qué se fue Basile
me: hola
estas de cierre tremendo, no? queria que me expliques lo del coco, tu opinion
pero me temo que no soy oportuna....
Sent at 10:06 PM on Thursday
Amigo Periodista (ahora deportivo): bueno, a ver
el coco es un hombre grande
al que le gusta un fútbol clásico, suelto, barrial, sin giladas tacticistas, algo así como al fútbol lo juegan los jugadores, nada de pizarrones y esas cosas
sin embargo, hay una ola de modernismo
casi generacional
digo, los periodistas deportivos, salvo algunos, tienen un promedio de 30 años
y los jugadores también
entonces, para empezar, nunca lo entendieron
después hay otras miserias: tipos que pidieron su renuncia, o sea pidiendo que un tipo deje su laburo con una liviandad tremenda
periodistas que son más patrones que sus patrones
Sent at 10:23 PM on Thursday
Amigo Periodista (ahora deportivo): el coco, encima, hizo dos o tres boludeces para ponérse a toda la prensa en contra
creo que se lo fumaron
por un lado
y por otro lado la selección juega realmente mal
es cierto, pero hay demasiada histeria, es imposible reflexionar
la sociedad, el periodismo de mierda deportivo, son exitistas, resultadistas, son una porquería
mire, estoy con bronca quizá no estoy muy lúcido en mis explicaciones
Sent at 10:27 PM on Thursday
Amigo Periodista (ahora deportivo)'s new status message - Al Coco se lo fumaron los Niembritos 10:28 PM
me: Me fui a comer; acá esta mi novio que me dice que lo del Pollo Bignolo fue tremendo ayer.
Gracias por contestar eh.
Amigo Periodista (ahora deportivo): un asco
sí
me voy a hacer dormir al nene
hoy no laburé, me toca padre
un beso
me: un beso "Amigo periodista (ahora deportivo)"
Sent at 10:51 PM on Thursday
Amigo Periodista (ahora deportivo) is offline. Messages you send will be delivered when Amigo Periodista (ahora deportivo) comes online.
update: ¿qué " dos o tres boludeces para ponérse a toda la prensa en contra" hizo Basile? qué mal que no pregunté.
"Más que un género parece un perfil de marketing"
Celia Dosio sobre su novela Tenemos que hablar
(tengo ganas de escribir algo sobre ese libro)
recursos humanos, ¿comunicación interna? Lenguaje marcial
DE Oficina Personal oficinapersonal@XXXX
Para: Sonia
Asunto: info
Se solicita informe motivo de su ausencia del dia de ayer, a fin de cargar la novedad.
atte.
Administracion de Personal
*RTA*
(explicación de motivo, de conocimiento previo de mi superior)
*MAIL DOS*
Asunto: Re: info
se registra novedad.
atte.
Administracion de Personal
(bienvenida de vuelta al simpático mundo laboral)
Con los organizadores todo mal, mi pasaje de vuelta no se qué onda pero nunca apareció, a pesar de gritar y patalear no vamos a volver segun lo planeado, y acá con viento a veces pienso que quizá no volvamos nunca mais.
puerto madryn
Está bueno no tener todo el tiempo internet y despegarse un poco del ritmo de excusión permanente, el tour de PAMI de los viajes de prensa.
un mundo "demasiado contemporaneo"

Vía Sister Julie: twitter.com/sisterj
nos atraparon, el editorial es un negocio turbio
La editorial Tamarisco es pequeña, ha sacado hasta el momento ocho libros, con tiradas de 500 ejemplares. “¿Cómo se financian?” La pregunta ha pillado de improviso al señor Bruzzone".
Toda la entrevista a Félix Bruzzone, aquí, en el diario Crítica. Gracias Roka Valbuena.
maravilloso anti periodismo puro
La que ni se nota, como dar el pie en una obra de teatro. Yo no quiero que el entrevistado no sepa la letra. Quiero que cuente la historia que él sabe es la más divertida de su vida, incluso su caballito de batalla. Nuestro mito de una "buena entrevista" es algo que todos compartimos aunque nos parezca criticable. Una "buena entrevista" es aquella donde el entrevistado devela un secreto -sexual si es posible -, agravia a un colega o confiesa una práctica ilegal. En la subespecie más convencional, cuando hace una denuncia que desmiente una versión oficial de corte político. Yo prefiero los momentos sin subrayados, los que se parecen a parlamentos de personajes literarios. Por ejemplo, hice un montaje de las explicaciones que me dio Pablo Suárez para falsificar un cuadro del siglo XVIII. Lo interesante no era que me estaba contando que había falsificado cuadros sino los detalles técnicos, dichos con un tono de un maestro chorro a su aprendiz.
- Si el mito de una "buena entrevista" se relaciona al hecho de que el entrevistado devele secretos sexuales o confiese prácticas ilegales, ¿se asemeja en algún punto al sacramento de la confesión, en donde alguien se anima a confesar lo que niega o calla en otros contextos?
- Es cierto, no hablé del modelo de la Inquisición. La conquista se practicó con las armas -el exterminio-, la palabra -la crónica- y la transmisión de la culpa -la aculturación-. En la versión laica de la confesión, la entrevista, no hay penitencia, al contrario, hay premio: los quince minutos de fama. Sin embargo, la confesión sobre algo sexual está muy devaluada por exceso de visibilidad. Las trabajadoras sexuales, los swingers, etcétera, responden a entrevistas con un lenguaje cercano al activismo político y ni hablemos del ordenamiento sexológico del sexo como hace la dulce e inocente instructora Alessandra Rampolla."
con fresca pero con sol
Almorzar al sol hace muy bien.
En la fila de la caja de la librería, veo que nadie lleva libros: todos compran DVDs.
Con mis ejemplares de literatura argentina en la mano siento que hago una patriada y sé que exagero
pero igual se siente muy bien.
En casa de noche un sueño rompiendo esas vidrieras al grito de malditos falsos gurues new age o quizá de estúpidos cerdos imperialistas.
Celia
Viernes 3 de octubre, 21,30 hs.
Centro Cultural Pachamama,
Pasaje Argañaraz 22
El Quinteto de la Muerte
(la fiesta de la narrativa)
Presenta
"Funeseando
con Lucas Oliveira"
Esa noche todos somos Funes,
todos somos Lucas,
y seguro algún otro Oliveira habrá.
Musicaliza sonríe y enamora a las pebetas: Facundo Gorostiza
(El que llega temprano come,
el que no, lava los platos)







